NOSOTRA

sábado, 20 de febrero de 2010

MALINALLI


MALINTZIN


Yo Soy Malinalli Tenepal:

En mi historia se entretejen factores que vienen de un muy remoto pasado, pues en la raíz del nombre que ostento, se permea la herencia de Malinaxochitl, aquella que fue abandonada en Malinalco, acusada de poseer poderes destructivos, para asi separarla del mando e influencia que ejercía sobre el pueblo, aquella que tuvo un hijo de nombre Copil, de cuyo corazón, al ser muerto en combate, broto el tunal, en donde se conjuntaron los símbolos del augurio, inicio del Imperio de La Gran Tenochtitlan.



Más también en Malinaxochitl se refleja un eco aun más antiguo, el de la Coyolxauhqui, el de la Diosa Luna. Una de sus esculturas refleja lo ocurrido, en este caso el resultado de la lucha por el poder, el cambio del matriarcado al patriarcado, este último que castigo con la muerte, con el desmembrar y decapitar a la líder que se “oponía” al cambio, más su fuerte herencia permaneció como base para ascender las escalinatas del Templo Mayor.



La historia también la ubica como hija de Coatlicue, hermana de Huitzilopochtli, con quien libra feroz batalla, siendo ella “derrotada”, desarticulando con ello el “poder de lo femenino”, indudablemente que su símbolo tiene multiples lecturas.



Malinalli es también un signo del calendario, ocupa el duodécimo de los veinte días que lo componen, se traduce como hierba, zacate, esparto, matorral o heno, e incluso se interpreta como torcer el algodón o la hierba, con la cual se fabrica entre otras cosas el mecatl, con el que se mide y se trazan figuras geométricas. Malinalli es el signo que se asocia a las plantas visonarias, a las plantas maestras. Su nombre es sinónimo de vida, muerte y renacimiento, representado la renovación eterna de la vida con un cráneo dentro del cual crece la hierba.



El destino quizo otorgarme el tonalli malinalli, todo conspiró para que yo viviese las especiales y poco comunes circunstancias que ahora narro:



Yo, Malinalli Tenepal, nací en Painala, lugar cercano a Coatzacoalcos en el hoy Estado de Veracruz, transcurría el año 1504 del calendario traído por los llegados de España. Mi padre, el Cacique Tenepal, muere siendo yo una pequeña niña. No paso mucho tiempo para que mi madre Cimatl, contrajera nuevas nupcias y trajera al mundo un hijo varón.



El esposo de mi madre se encontraba celoso de mi persona, ambicionaba mi herencia, por lo cual deciden despojarme de ella, fingen mi muerte y me declaran muerta ante la población, me regalan a unos Pochtecas, a unos comerciantes, lo que a su vez me venden como esclava en lo que ahora es Tabasco, es así que de cuna noble, pase a ser una niña sirvienta, al servicio de un Cacique Maya.



Al llegar a mi adolescencia fui dada nuevamente como presente a los hombres blancos llegados del mar, lo que daría un giro sorpredente a mi destino.



A muy temprana edad me percate de la importancia de la mente, podían limitar a mi materia más no mi pensamiento, la proyección de mi ser a lejanos mundos. Me sorprendía la rapidez con la que aprendía de todo lo que me rodeaba, hablaba con fluidez el nahuatl y el maya, posteriormente tambien el español, francamente me resultaba peculiar, el que a aquellos que se imponían por la fuerza de las armas, les resultara tan difícil entender nuestras lenguas, llegando a ser por ello imprescindible mi presencia en diálogos profundos y de vital trascendencia entre el hombre blanco y los nativos de esta tierra.



Tuve un hijo y una hija, Martín Cortes y Maria Xaramillo, el primero fue hijo de Hernán Cortes y la segunda de Juan Xaramillo. No pude disfrutar realmente la presencia de mis hijos, ya que Martín fue arrancando de mi lado siendo muy niño, su padre lo alejó de mí. En cuanto a María, mi pobre niña, fue privada de mi persona y despojada de la fortuna que por derecho le pertenecía, por su propio padre.



Juan Xaramillo, ambicioso, deseoso de fortuna, me arranca la vida por ordenes de Cortes, el cual lo usa despertando su codicia, para así evitar mi testimonio sobre su actuar. Los miedos del conquistador, su temor a la verdad, se reflejaron en las trece puñaladas que recibió mi cuerpo, provenientes de la cruel mano de quien fuera mi esposo.



Así que aquella madrugada del 24 de enero de 1529, entraba en un nuevo territorio, el del Mictlan. Conocí la instrucción dada por aquel a quien había amado tanto, más todo ello llegó con rapidez, como todo lo acontecido a la largo de mi vida. Ahí estaba de nuevo ante un cambio de vida, ante el umbral de un nuevo ciclo. En mi agonía, escuche la voz del corazón que me decía: “el sacrificio de tu persona no ha sido en vano, ahora eres una Anima Conquistadora de los Vientos, eres luz que por fin conquista la Libertad Total”.



Y a esa luz se le permitió, como un regalo del Dador De La Vida, comprender en un instante, las razones de la historia y el futuro de esta tierra. Al sentir tan profundo amor y percibir la fuerza mestiza presente en mis hijos, pude perdonar a cortes, a todos mis agresores y consolar mi sangre india. Me liberé.



Para poder comprender la herencia cultural en el ahora, es importante tener una visión de la historia, costumbres y situación general, de quienes ocupaban este espacio.



El Universo del Antiguo Anahuac estaba compuesto de muy diversos grupos y marcados territorios, las lenguas empleadas en cada región eran distintas, vivían en franco respeto y gratitud a su entorno, aunque hostiles hacia los integrantes de culturas diferentes de la suya. No había una unidad entre todos esos grupos, aunque si una raíz común en cuanto a los símbolos, mitos y conceptos religiosos que prevalecieron. El pensamiento religioso imperaba en todos los ámbitos, Dios, El Dador De La Vida, presente en todo y en cada uno de los actos cotidianos del habitante de esta antigua porción del planeta tierra.



La llegada de los Españoles, el mestizaje, trajo consigo una unificación. Ha sido un doloroso proceso, con una herida que ha sangrado por siglos, más de debe reconocer que la consecuencia de lo sucedido en 1521, dio pauta a un nuevo ciclo.



Lentamente se fue saliendo del caos y destrucción llevada a cabo por los ambiciosos recién llegados. La noble estirpe de la sangre india, mezclada con la pasión y vehemencia del conquistador español, dio paso a un nuevo amanecer en el Anahuac, se gesta al Mexicano, el mestizo que integra la gran mayoría de habitantes de esta porción de la tierra.



Más la negación y el conflicto en la identidad han acompañado desde ese entonces al mexicano, su rebeldía mal encauzada no ha permitido el florecer de su propio ser y de la colectividad, siempre culpando a otros, a los demás de su acontecer y carencias.



Habiéndose establecido los Españoles en nuestro territorio, deciden darle el nombre de La Nueva España, sin embargo, la fuerza de los orígenes siempre llama y el nombre que ostentamos como nación es el proveniente del antiguo imperio Me-shi-ca, este nombre es: Me-shi-co= México. Con ello se ha cumplido hasta el presente lo que antiguos sabios aseguraron: “Mientras el mundo sea mundo, perdurara la fama y la honra de Me-shi-co Tenochtitlan”.



Es indiscutible que la herencia que tuvo que adoptar este país, fue la de los Aztecas. Los provenientes de Aztlan o Atzalan, de ambas palabras deriva el gentilicio Azteca, que gramaticalmente tambien podría decirse los Aztlantes. Su civilización se desarrollo dando pauta a una fuerte personalidad política y social, con un sistema de vida ingenioso y original, su creatividad saco partido de todo aquello que les rodeaba.



¿Cuál fue su error?: el haberse distanciado en muchos sentidos de la filosofía de Quetzalcoatl. Uno de esos importantes aspectos se asocia al respeto al prójimo, pues así dijo Quetzalcoatl: “No derrames la sangre de tu prójimo, El Dador De La Vida, no requiere de esos sacrificios, mas si quieres ser grato a los ojos de Dios, obséquiale mariposas, tu canto, tu danza, tu música, tu arte "



El encuentro entre Moctezuma y Cortes, es uno de los acontecimiento más singulares en la historia, ¿qué pasaba por sus mentes?, Ahora que soy luz veo, que no me equivoque en lo que mi intuición indicaba.



Primero el asombro mutuo, el gran Tlatoani Moctezuma, educado en el amor a Dios, ya que el fin guerrero estaba subordinado al fin religioso, pues el mismo emperador, era un Tlacatecuhtli, es decir un sacerdote, así pensaba: “ Los signos del augurio se han cumplido, en la fecha precisa Ce Acatl, ha vuelto Quetzalcoatl y hemos abandonado sus preceptos. Las tunas devoradas por el águila, las divinas flores, el divino licor, el agua florida, el nutrimento dado, para que nuestro hacedor no pasara hambre, ha sido en vano, ahora todo se vuelve en nuestra contra, ¿qué cuentas entrego a Quetzalcoatl, de cuya conexión con su linaje Tolteca-Chichimeca, siempre quisimos hacer gala? ¡OH Huitzilopochtli, colibrí azul!, ¿Por qué no atendí el ultimo llamado de Tlacaelel, que indicaba el alejarnos del sacrificio humano? Él, precisamente él, que había sido el principal impulsor de esa costumbre, se retractaba de la misma. Demasiado tarde es, la profecía se ha cumplido, con la dignidad y honor que merece mi cargo, daré cuentas y pagare el precio de mis aciertos y errores”.



Cuán lejos estaban los pensamientos de Cortes, Moctezuma apelaba a la voz del espíritu y Hernán Cortes a la voz de la materia, su pensamiento ambicioso, contemplaba estupefacto la silla de oro, los ropajes de oro, del gran Tlatoani, pensó incluso atreverse a levantar las vestiduras del Emperador, para cerciorarse de que aquel hombre, de finísima piel lampiña no era también de oro. Le parecía estar viviendo un sueño, la armonía, colorido y orden geométrico de la Gran Tenochtitlan, era algo nunca antes visto por sus ojos, los gratos aromas que inundaban el ambiente le llevaban a dudar si aquello era real o soñaba, por un instante hubiese querido detener el tiempo y saborear intensamente aquel momento.



El encuentro fue brutal, dos pensamientos con un concepto de la vida totalmente distinto, solamente 20 años llevo al conquistador, destruir y aniquilar todo lo que fuese diferente a aquello que deseaba imponer. El conquistador buscaba un botín de oro, en su ambicioso pensamiento no cabía nada mas, todo era sacrificable, excepto eso.



El amoroso sentimiento que emana de esta tierra por sus hijos, en aquellas noches se manifestó en un lamento, por todo el Anahuac se escuchaba: “hijitos, hijitos míos ¿qué será de ustedes?”.



Y la vida encontró un camino...

(framento del texto Malintzin, de Malinalticitl).



Ese camino lo integramos todos los que habitamos esta tierra llamada México, propiciemos con nuestro actuar su florecer. Que aflore lo mejor de cada uno de nosotros, no culpemos a los demás de nuestro destino, asumamos la responsabilidad de nuestro porpio ser. Encontremos por fin: Unidad en la Diversidad.



"Hechos son amores y no buenas razones". Menos critica y más aportación, necesitamos soluciones y no descalificaciones. Mostrar el amor que sentimos por esta tierra, con un obrar congruente.



Con Amor Inphinito: Lolita Vargas Malinalticitl