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Arte:Susana Khabbaz
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jueves, 10 de noviembre de 2011

ARQUETIPOS FEMENINOS: LA OSCURIDAD

Arquetipos Femeninos: Parte Dos

ARQUETIPOS FEMENINOS: Parte Dos

LA OSCURIDAD

La primera parte trata de los aspectos luminosos del Principio Femenino que da la forma en nuestro mundo. La segunda parte ahora revela los principios oscuros que suministran el poder que da vida a la forma.

Estas son fuerzas subterráneas que literalmente abastecen las ideas que manifiestan el mundo físico. La mujer deberá comprender esto. Reconociendo estas facultades, la mujer deberá decidir si responder a la afinación con su mundo interior, o cerrarse a ello. Siempre ha sido nuestro lugar generar fuerza y dar vida. A mi parecer, nuestros tiempos piden con urgencia el cuidadoso despertar y la canalización de estas fuerzas, para reunir el poder de la mujer de manera consciente y juntas construir impresiones fuertes y positivas que re-estructurarán el mundo. Si la fe en este proceso, tanto como la generación de la calidad apropiada, es suficientemente fuerte, las formas para un mundo nuevo y mejor surgirán por si mismas.

Las fuerzas que gobiernan el mundo interior son percibidas como siniestras por la sencilla razón de que no podemos verificarlas con nuestros sentidos físicos. En realidad no existe nada oscuro u oculto excepto para los que no saben como decodificar la sensibilidad-emocional. Para una mujer, estas fuerzas son su guía-luz. Programadas como son por creencias materialistas, la mujer le teme. En defensa de esto, deberemos decir que ha ocurrido mucho abuso de estos poderes. La aplicación apropiada exige un manejo ético.

Estas fuerzas no son atractivas según las exigencias sociales descritas en la primera parte. De hecho, la mujer inteligente se ve obligada a esconderlas, y con ellas su poder. No son bonitas por la razón obvia de que tratan con la fuerza tempestuosa del poder bruto, el océano voraz de fuerzas primarias que inducen el impulso creativo, y constituyen el vientre del Principio Femenino.

Una mujer que pertenece a cualquiera de estos tres arquetipos del reino más oscuro naturalmente siente tremendo respeto por las otras dos, reconociendo en las otras instantáneamente fuerzas que no se pueden descartar. Es por medio de esta captación de poder pre-substancial que las mujeres se comprenden y se leen mutuamente. No existe mujer que no tenga estas facultades, aunque en muchas aún esté sin desarrollar.

La Mujer Libre o Salvaje

Este tipo de mujer no se puede confundir con ninguna otra. Tiene un aire de pura fuerza que emana como magnetismo físico y a menudo sexual. Su auto-control es igual que la fuerza de su apetito, convirtiéndola en un enemigo o aliado formidable.

Altamente instintiva, ella es dueña de sí, incontrolable para otros, y espontáneamente rebelde. En nuestra sociedad ella representa la combinación de libertad intelectual y material, y la fuerza instintiva del animal salvaje. Es competitiva e individualista, fuerte, asertiva, y totalmente impredecible. Si se permite hacer parte de un sistema es para usarlo para sus propios propósitos.

En gran medida es la mujer moderna occidental, voluntariosa, de opinión libre, y atrevida, el tipo de mujer que todo hombre quiere en la cama pero que le da horror tener como pareja. Independiente. Dinámica y creativa, ella es un ejemplo de discernimiento y discriminación natural. Siempre justa, pero no personal, ella es la amiga que te dirá la verdad que no siempre quieres oír, aún jugando trucos vergonzosos para provocar autenticidad. Ella no tolera pretensión o falsedad. Su amor es a menudo severo y muy condicional.

Como la naturaleza misma que no basa su generosidad en capricho personal si no más bien en el mayor bien común y lo apropiado, ella ha llegado a dominar sus reacciones y sus deseos instintivos. Conoce el mundo de la energía y la fuerza, y este le muestra el camino. Este tipo de mujer no puede ser engañada por subterfugios mentales o rollo publicitario. Su percepción de las dinámicas de la fuerza interior, la textura y las calidades de vida, es fuerte y agudo. Tiene la llave entre la idea y su manifestación, proporcionando esa cualidad única que asegura éxito o fracaso.

Es la trabajadora por cuenta propia y la artista bohemia, afinándose a ritmos y sutilezas irreconocibles, y rompiendo patrones de confort y conveniencia para dar vida a su individualidad. Puede ser chocante pero no siempre en formas obvias. Su interés está en la influencia más que en ser protagonista.

Dinámica y leal a sus ideales y a los principios que los apoyan, preserva la integridad del yo y el otro con rectitud digna y firmeza femenina. Fiel a los principios más que a los elementos individuales, al significado mayor que a lo particular, cuando siente que es correcto, puede cambiar de rumbo sin vergüenza para defender al individuo sobre el grupo.

Es la esencia de la refinada Atenea, diosa de la guerra, sin miedo de conflicto si significa avanzar. Es el espíritu original de Marte, quién en la Cábala antigua es una entidad femenina. Aunque en algunos sentidos es parecida a la Matriarca, vive plenamente el momento presente sin preocuparse con los conceptos de consistencia y continuidad.

Frida Kahlo, Colette, Janis Joplin, y Brigitte Bardot son algunos ejemplos de este tipo, yendo a extremos para expresar su verdad y orgullosamente sosteniendo sus creencias, filosofías, forma de vida, y normas de belleza. Una pensadora libre, siempre existe un sentido de propósito guía, sea los derechos humanos o de los animales, o la estética inusual sobre la belleza tradicional.

Es una mujer para mujeres, y una mujer para hombres excepcionales de carácter fuerte e instinto independiente que buscan una compañera en vez de su media-naranja. El sexo es una melodía a ser jugada, separada de la emoción o del condicionamiento. De la misma manera, ella es feliz sola, encontrando significado en la fuerza de su propio espíritu. No es mística, si no que maestra inclemente y fenomenal que lleva la persona a su meta no importando como.

Su símbolo es la leona. Ella es Lillith, la mujer completa original. Su poder es la sustentación del instinto enfocado que se manifiesta como fuerza implacable en el mundo.

La Señora de las Sombras

Así como la leona de nuestro modelo anterior se despreocupa con las emociones humanas, la Señora de las Sombras lo es con la realidad concreta. Su vida revuelve alrededor del submundo, el reino astral, las fronteras entre lo real y las sombras que influyen sobre lo real. Las lee por medio de sus emociones, como hilos en complicidad con toda forma.

Es la psíquica, la vidente, la xamana. El tiempo no existe para ella. El espacio está lleno de misteriosas formas y de movimiento, color, y textura. Ella se vincula a todo como si de su respiración se tratase. Conectada con el manto de emociones que entrelaza el mundo de apariencias, en el mejor de los casos aprende a dominar las suyas al comunicarse por medio del idioma de las impresiones a través del tiempo y formas alternas de vida.

En nuestra sociedad, donde sus facultades son consideradas “brujería” y provocan miedo y rechazo, este tipo de persona es la introvertida que aprende a permanecer callada e invisible, pareciéndose a la sacerdotisa proverbial de la antigüedad.

Misteriosa, nunca encaja. Es la médium perfecta, tratando con espíritus de todo tipo, y detectando posibilidades. Hoy, la mayor parte de su trabajo ocurre en los sueños, donde en las regiones alfa de la conciencia, por medio de la psicología, el simbolismo, y campos relacionados de aprendizaje, desarrolla su intuición en cualquier vena que pueda servir a la sociedad.

Este tipo de facultad está bastante despierta en las madres durante el periodo intrauterino de la gestación y durante la vida del niño. Se activa también en las relaciones de tipo sexual. Una mujer es capaz de conocer su hombre como conoce su niño, y sigue su cada movimiento. Este poder fue aprovechado por las brujas que controlaban a las personas por medio de una ropa o vial con las secreciones del cuerpo, una fotografía, nombre, fechas, u otros datos que conectan con las energías pre-substanciales de los submundos.

Todo tipo de información relacionada con la vida en el plano físico, pasado, presente o posible futuro, está al alcance de esta facultad femenina, insinuada en todo tipo de mujer pero más desarrollada en la Señora de las Sombras. Esta es la facultad del “saber” que llamamos intuición, tan hábilmente aplicada en el trabajo social y por extensión en cuidados tipo maternales.

El hecho de que esta mujer conoce el torbellino interno en el origen de la vida como experiencia personal por medio de la reserva emocional en su interior, le permite proceder sin los miedos que paralizan una mujer común que no está en contacto con esta facultad. Consigue usualmente lo que quiere, aunque sus métodos sean indirectos. Las fuerzas que maneja son el poder detrás del trono.

Mas que amiga es la guardiana ideal del marido, del niño, y de todos los que ama, defendiéndolos e incentivándolos a tomar su lugar en el mundo. Sus profesiones favoritas son aquellas que le aseguren su independencia de percepción y justifiquen los lapsos que suele tener.

Su símbolo es el de Isis “velada” propiamente, y Bastet, la diosa gata de la oscuridad. Ella es también la sublime Nut, que le presta su cuerpo negro al cielo para que las estrellas puedan destacarse. Su poder es el de evitar el mal y empoderar actividad en el mundo físico. Ve el pasado y predice el futuro sin obedecer la lógica linear del mundo material.

La Vieja Loca del Vacío

Se dice que la justicia divina es absoluta y brutal. De verdad es la vida misma expresada en ciclos y ritmos, y renovada en la muerte.

En Egipto, el nombre de la eterna madre era MA. “MAAT” era tanto la diosa como el templo en donde discípulos se formaban en el uso correcto de las facultades intangibles sutiles de la vida psíquica trascendente. Se la ilustraba como humana con cabeza de buitre, a causa de la sensibilidad extrema del buitre. A final de cuentas, Maat personificaba la ley y lo correcto, controlando el aire de la respiración que se relaciona con la vida y la verdad.

La verdad es hueca, el puro vacío. No puede ser de otra forma. Así como las personas temen la vacuidad y el vacío, se agarran a formas, contextos, y medias verdades. Por esta razón temen la Vieja Loca del Vacío que para el ser humano normal representa el sin-sentido y la cesación. Ahí donde la Señora de las Sombras trataba con la vida dentro de la muerte, la Vieja Loca del Vacío va más lejos: trata con el principio y el final de todas las cosas, la Nada misma. La Bina de la Cábala.

En realidad ella es la perfección de belleza, Ella quién para encontrar refugio en el mundo se escondió en la vestimenta de lo feo y lo insano. Su cacareo esconde el ritmo de las estrellas, y se percibe como la risa trascendente del tiempo y del espacio, burlándose de todo y de todos los que tratan de definirla. Es el recuerdo eterno de la impotencia de la voluntad personal, la llave hacia la trascendencia en la cámara del corazón. El secreto, el premio que ofrece a los que la abrazan, es la experiencia de lo sin forma mismo.

La Vieja Loca del Vacío es como la justicia divina: consigue lo que quiere al final. No hay manera de engañarla, tratar de embaucarla, frustrarla o confundirla. Por detrás de la imagen moderna de la mujer griega, madura y trajeada, sosteniendo la balanza, ella mira de manera solemne más allá de quién la mira, suspirando el sonido silencioso de regreso al hogar, de ritmos y de equilibrio.

Soberana del caos primordial, ella lo provoca por el mero gusto de ejercerlo. Puede ser cruel y más despiadada que sus hermanas oscuras, devorando la fantasía y la ilusión totalmente sin dejar huellas. Su espíritu es el de la diosa hindú Kali, la señora del poder del sexo y de la creación.

Inmensamente fascinante, ella ejerce el mismo poder de luz que atrae una polilla a su muerte. Es la más atractiva, la más sensual, el aspecto más intenso de la feminidad. Es por eso que se la considera la iniciadora que ejerce el poder de vida o muerte.

En nuestro mundo moderno, ve todo antes de que ocurra y provee para todos en la casa como en el trabajo. Es ella la que presta ayuda fuera de las normas de la ley, sin miedo al peligro o a la humanidad. Es el agente doble perfecto en el mundo, como lo es al otro lado de la vida.

Como el vacío, ella sostiene/levanta el espejo de la oscuridad que contiene la luz. Su arte perfecta refleja rasgos de lo macabro o mórbido sin ser de mal gusto, acomodándose a temperamentos extremos exclusivamente, en apreciación de la intensidad primordial más allá de la forma.

Su símbolo es la justicia universal, y los aspectos divinos iracundos de la feminidad en el budismo. Su poder es el fuego purificador de la aniquilación completa de todo lo que es temporero, revelando la Verdad.

Cuando se la reconoce y reverencia, la vida real empieza.

Xxx Zzz

Texto de "La mujer interior" Del blog de Zulma Reyo

martes, 6 de febrero de 2007

LOS ARQUETIPOS FEMENINOS


- La amante
- La guerrera
- La madre
- La doncella
- La sacerdotisa



Por Idili Lizcano

A lo largo de esta serie nos hemos familiarizado con una visión de la feminidad en que aparecían sus vínculos profundos con el ciclo menstrual, y hemos visto que la belleza es la expresión de una relación armoniosa con esa particularidad específica de la biología femenina, factor de cambio físico, emocional y espiritual. También hemos pasado revista al largo camino recorrido por las mujeres para acceder a una conciencia de sí mismas que durante siglos sofocaron las estructuras, sociales y psicológicas, de las sociedades patriarcales. Hoy nos internaremos en la psicología profunda de la mujer, para lo cual revisaremos las mitologías y arquetipos que la expresan. Hay experiencias comúnes a todas las mujeres que, sin embargo, tienen un fuerte impacto en la formación de su individualidad única e intransferible. Estas experiencias son el ciclo menstrual, el embarazo, el parto y la menopausia. Recordemos que si el conocimiento empírico es masculino, la sensibilidad femenina llega a la sabiduría sin quedarse pegada en la razón ni en una concepción cartesiana del universo.

Los arquetipos de lo femenino

Al margen de las experiencias personales que impregnan nuestro insconsciente, hay un fondo común de reacciones y representaciones innatas del mundo, que la tradición cultural llama inconsciente colectivo. Este dispositivo de la conciencia regula un fondo común de modelos de conducta igualmente repartidos entre todos los individuos. A sus contenidos los llamamos arquetipos y la mitología es el terreno en que nuestra consciencia puede acceder a la red de significados que ellos establecen con nuestra experiencia. Por eso, para captar la interioridad psicológica de la mujer desde una perspectiva en que la lógica cede la palabra a la sabiduría, hay que internarse en el mundo de la mitología. Los acontecimientos biológicos determinantes para la gran mayoría de las mujeres son, por una lado, vividos como experiencias únicas a nivel individual y, por el otro, se integran en una gran red de valores y significados en el insconsciente colectivo de la especie. En las sociedades antiguas los arquetipos eran instrumentos pedagógicos, con los que se enseñaba a hombre y mujeres a descifrar el sentido de sus experiencias y a aceptar y respetar sus obligaciones con la comunidad y a dialogar con la divinidad. A partir de esta comprensión íntima de los arquetipos, las personas construían sus propias identidades individuales. La noción de destino era la forma predominante que moldeaba la conciencia individual en aquella edad mitológica, como mil años después lo sería la de libre albedrío.

Uno de los arquetipos más frecuentes era el de la Gran Diosa, en la que se reconocía la fuerza femenina universal, y que se metamorfoseaba en tres diosas que simbolizaban el ciclo vital femenino. En las antiguas sociedades matriarcales, en la Diosa encarnaban las potencias primordiales de la vida, la muerte y la transformación. Con los griegos y sus rigurosas construcciones filosóficas y religiosas, que significaron una superación de las civilizaciones precedentes, los arquetipos femeninos se vuelven más diferenciados y si hoy todavía nos resultan familiares es porque no han perdido su eficacia para hacernos pensar e interpretar la realidad. La mitología de la Diosa nos habla de las sucesivas experiencias por las que una mujer atraviesa a lo largo de su vida, y las cuatro fases de su evolución, desde la mujer joven, a la mujer fértil, la mujer en su plenitud y la mujer sabia o anciana. En este sentido, estas cuatro fase del ciclo a lo largo del mes se reproducen también a lo largo de la vida y encarnan en los arquetipios mitológicos que examinaremos aquío: Atenea es la juventud, Hera la maternidad, Venus la mujer en su plenitud y Hécate, la mujer sabia y experimentada.

El misterio de la sexualidad femenina, la génesis del parto, la asociación del ciclo femenino con las fases de la luna, su relación profunda con la tierra como vientre, con la muerte de la semilla para que nazcan los frutos, son los motivos esenciales de la mitología de la Diosa Madre.

Para la mujer de hoy, si bien las diosas del panteón helénico ya no son un referente práctico en su vida cotidiana, conservan sin embargo un valioso caudal de sugerencias desde el punto de vista simbólico y mitológico. La Diosa, podría decirse, reside en el corazón de cada mujer. Los cuatro arquetipos que revisaremos a continuación representan facetas que cada mujer debe desarrollar o profundizar para hacer que la energía sagrada de esta correspondencia brille en su alma e irradie en su vida real.

Atenea, la energía de la juventud




El arquetipo de Atenearepresentada con un casco y una espada--simboliza el poder creativo de lo femenino y se corresponde con la luna creciente, que alude al crecimiento, a la fuerza de la vida, a la energía juvenil en estado puro. En fase de luna creciente, el mundo vegetal crece y se expande y la vida estalla en todos los sentidos. Atenea es la energía femenina que se manifiesta dentro de la acción, capaz de aplicar su conocimiento de manera práctica y útil. La mujer que está bajo la influencia de Atenea posee el don del pensamiento lógico de naturaleza intuitiva. Es capaz de conservar la mente clara en medio de emociones fuertes y aportar soluciones concretas a los problemas que presenta la vida. Asimismo, reconoce el poder del oponente y lo respeta. La leyenda de esta célebre diosa del panteón griego señala que transmitió a las mujeres las artes y artesanías, como la cerámica, la música, el tejido y el hilado. Atenea es la acción unida a la paz, y tejer e hilar son metáforas acerca del devenir del tiempo. El arquetipo de esta diosa virgen está asociado al de la doncella; su cuerpo es puro pero al mismo tiempo expresa una ola de pasión sexual. Aspira a unirse a un hombre y a la vida a través del amor. Cada mujer, al término de la menstruación entra en la fase de Atenea; se siente llena de energías y capaz de plantearse nuevas metas y proyectos. El Aceite Esencial de Neroli es el más adecuado para acompañar esta fase.

Hera, o la madre




El arquetipo de la madre es quizás el más complejo y rico de la mitología de la Diosa porque incluye las experiencias del embarazo y el parto, en que un nuevo ser experimenta el tránsito dramático desde un mundo atemporal y oscuro al mundo de la luz y la mortalidad. Se conservan imágenes de antiguas sagas mitológicas que representan la eternidad como una huida hacia el vientre. El arquetipo de la madre es también un reflejo importante de la necesidad de la mujer de realizar el instinto de protección y cobijo que anida en su naturaleza en el hijo aún no nacido. El vientre es un elemento central, por su poderosa carga psicológica y espiritual, en la mitología de la iniciación y la transformación, ya que es en el vientre donde se fragua la nueva vida y se destila la esencia de lo femenino. De ahí seguramente que desde tiempos inmemoriales las mujeres hayan hecho de la danza del vientre un ritual sagrado. La madre en sentido figurado aparece en la mitología como un símbolo de redención, y su culto aparece en muchas de las grandes religiones.

El momento de la maternidad es de fuerza y energía pero, a diferencia de lo que ocurre en el momento de la virginidad, es una energía cargada de abnegación, basada en el amor y que genera armonía. Esta fase corresponde a la ovulación, periodo en el que la mujer es fértil. Cuando la mujer entra en la fase de la ovulación se convierte en Hera, esposa de Zeus, diosa del matrimonio, esposa y madre. Su momento es el de la fertilidad, la concepción y la vida. A Hera le corresponde el Aceite Esencial de Rosas.

Venus, el poder de la sensualidad




Venus es la diosa del amor, la sensualidad y la belleza y era considerada la diosa más bella del panteón grecolatino. La belleza de la luna llena es la de Venus en medio del cielo. El arquetipo de Venus rige en las mujeres las experiencias del amor, del encuentro con la belleza, la sexualidad y la sensualidad. Una mujer enamorada y que se siente correspondida es el vivo ejemplo de este arquetipo. Si observamos los cuerpos de un hombre y una mujer frente a frente vemos que son perfectamente complementarios, y cuando se unen forman un círculo de poder único y cósmico. Yin y Tang, cielo y tierra, todo el universo está englobado en los cuerpos masculino y femenino. El arquetipo de la amante nace de la danza eterna del hombre persiguiendo a la mujer y el deseo del abrazo definitivo y cósmico. Las mujeres se tranforman en Venus durante la fase premenstrual, volviéndose seductoras, sensuales, mágicas. En esta fase la energía sexual cíclica de la mujer alcanza su punto culminante. El sexo incluye todo el espectro de emociones y experiencias humanas, desde las elevadas hasta las más bajas. Así, el sexo puede ser diversión y juego, amor, aprendizaje, espiritualidad; es lo único en nuestras vidas que posee una magnitud multidimensional, holística, cósmica. Para sentirse plena y equilibrada, una mujer habrá de gozar de una vida sexual plena y equilibrada. Venus se identifica con el Aceite Esencial de Jazmín, que destila la esencia de la feminidad y la sensual intensidad de la naturaleza.

Hécate: introspección, purificación y sabiduría




Esta fasecorrespondiente a la luna menguantecoincide con la menstruación propiamente dicha y, a lo largo de la vida, con la menopausia y la posmenopausia. El cuerpo tiene menos energía, los pechos pesan, el vientre se hincha y es necesario dormir más. Las emociones salen a la superficie con más facilidad y todo se vive y se siente con una mayor sensibilidad. Esta es la fase de la purificación interna de la esencia femenina y se vincula con el mito de Hécate, diosa de la sabiduría resultante de la asimilación positiva, y a veces dolorosa, de la experiencia. Hécate también es la diosa de la madurez y del cambio, arquetipo de la sacerdotisa o la hechicera, de aquella mujer que ha desarrollado su sabiduría y está dispuesta a compartirla con las demás mujeres.

Al llegar la menopausia, después de haber pasado por todos los estadios de desarrollo, físico y psicológico, la mujer por fin se siente preparada para ser ella misma y encarar con seguridad los misterios de la vida. Es en este periodo de la vida de las mujeres cuando se produce una reacción alquímica en el cuerpo femenino que se vive como un cambio que conduce a la madurez y la sabiduría. La menopausia es el fin del ciclo menstrual, cuando la mujer disfruta tal vez de su máxima libertad, independencia y autoridad, trás años de amor compartido y fertilidad. El Aceite Esencial de Salvia acompaña muy bien a la mujer en los años de su madurez.

Cuando la mujer tome conciencia de que su vida menstrual expresa la naturaleza cíclica de su ser femenino, se abrirá en ella la visión de que forma parte de los grandes ritmos del universo y aceptará con alegría esta condición, trayendo armonía y sentido a la vida.
tomado de: http://www.alqvimia.com