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Arte:Susana Khabbaz
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lunes, 1 de diciembre de 2014

LA REINA TIN-HINAN





Fotos: Silvana Girbés



Para los tuaregs, Tin-Hinan fue una princesa bereber que emigró desde la región del Atlas (en el actual Marruecos), probablemente Tafitali, atravesando el desierto sahariano a lomos de una camella blanca. Fue una heroína y la fundadora del pueblo tuareg. Tras una larga marcha de casi 1.400 kilómetros, fue a establecerse en Abalessa, en las proximidades de Tamamrraset, al sur de Argelia. Allí encontraron su tumba y los huesos que se conservan actualmente en El Bardo. El análisis de los restos orgánicos que acompañaban al esqueleto ha establecido una antigüedad que oscila entre los 470 y 130 de nuestra era. Junto al enorme esqueleto aparecieron cientos de piezas de oro y plata. Sólo en El Bardo se conserva un ajuar integrado por 613 collares, anillos y brazaletes, que ratifican la notoriedad del personaje. Para arqueólogos e investigadores como Lehuraux, Gautier y Reygasse, entre otros, el túmulo de Tin-Hinan es el hallazgo más destacado del África sahariana. Para otros, en cambio, la realidad de una mujer al frente de un pueblo de guerreros no parece verosímil. Según estos investigadores, Tin-Hinan sería un mito, inventado por los bereberes o por los tuaregs y los huesos hallados en Abalessa serían los de un hombre. Así lo defiende Adila Talbi, arqueóloga argelina, excelente conocedora de los restos que se exhiben en la vitrina de El Bardo. Algunos médicos que han tenido acceso a los huesos de Tin-Hinan opinan lo mismo que Adila: la pelvis, por ejemplo no parece la de una mujer. En todo caso, la de una mujer que no hubiera tenido partos. Los tuaregs, sin embargo, se oponen a esta sospecha. Y aseguran que Tin-Hinan “se mezcló con los dioses para crear una nueva raza”. Los más ancianos depositarios de la tradición oral hablan de “hombres de gran altura, de pelo amarillo y ojos rasgados, procedentes de Orión, y que fueron los padres de su pueblo“. Si los ancianos tuaregs dicen la verdad, ¿quiénes eran esos seres de gran altura? ¿Seres extraterrestres mezclados con humanos?

Otros estudiosos han querido ver en Tin-Hinan la viva representación de los atlantes. Tin-Hinan, según el conde de Prorok, pudo ser una princesa que escapó a tiempo de la no menos mítica Atlántida, terminando sus días en la referida región de Abalessa, en el Hoggar. Este convencimiento de Prorok se vio fortalecido cuando acertó a leer el relato de Adolphe de Calassanti, un oficial y traductor que viajó al sur de Argelia en 1906. En esa época, Calassanti describe el túmulo funerario, todavía por descubrir, ya que la primera expedición arqueológica tuvo lugar en 1925, y las diferentes versiones de los tuaregs sobre el origen y la vida de Tin-Hinan. Entre esos relatos destacan los sueños premonitorios de los tuaregs que tenían por costumbre dormir sobre el citado túmulo. Es así como surge esta hipótesis sobre una Tin-Hinan atlante. Byron Kuhm de Prorok lleva a cabo las primeras exploraciones arqueológicas, a las que sigue una segunda campaña, en 1933, a cargo de M. Reygasse. El hallazgo tiene una enorme repercusión y surge una agria polémica. Alguien, al parecer, se ha quedado con parte del tesoro que encerraba la tumba de Tin-Hinan. ¿Qué escondía realmente el túmulo funerario de Abalessa? Probablemente nunca lo sabremos. Muchas de las piezas fueron escondidas y vendidas. Hoy se ignora su paradero. Quizá en ese tesoro perdido puede estar la explicación a muchas de las interrogantes sobre Tin, “la de las tiendas” . ¿Fue la princesa fundadora de los “hombres libres”, como se proclaman los tuaregs?


Fuente: http://oldcivilizations.wordpress.com/2012/09/15/los-tuareg-la-legendaria-reina-atlante-tin-hinan-tassili-y-la-antigua-civilizacion-uigur/

miércoles, 21 de agosto de 2013

VERONICA FRANCO:POETISA, CORTESANA HONESTA Y FEMINISTA



Descubrí la historia de Verónica Franco por esta bellísima película y después corriendo la busque en internet,
No os la perdáis, mi sorpresa fue que ella existió y la película está muy bien documentada, exceptuando un par de detalles como su boda de juventud y los hijos, todo lo demás es tal cual, eso si, la actriz mucho mas bella que el horroroso retrato que le pintó Tintorello, seguro que era mas guapa.

HYR





http://bodegonconteclado.wordpress.com/2012/01/13/la-ciudad-de-las-pasiones-ritratto-y-anatomia-


La flor del pantano: Verónica Franco
Por: Patricia Díaz

“La belleza del cuerpo es simplemente animal, a no ser que vaya acompañada de la inteligencia”.
Demócrito

Observando hoy en día que las mujeres asisten a las universidades y ocupan cargos en los gobiernos de casi todo el mundo, podría en algún momento resultarnos difícil imaginar cómo desde la Antigüedad y prácticamente hasta finales del siglo XIX y principios del XX las féminas debieron luchar para conseguir los más elementales derechos, entre los cuales se encontraba por supuesto la  educación. No obstante, a lo largo de la historia podemos encontrar a ciertas damas que se aferraron a su amor por la sabiduría enfrentando terribles consecuencias –físicas, morales o sociales-, como, por citar solo dos casos, Hipatia de Alejandría o Christine de Pizane
.
Así, en el Renacimiento, esa época en la cual surgieron grandes genios como
Leonardo daVinci o Miguel Ángel Buonarroti surgieron también algunas figuras femeninas que combatieron con los estereotipos de la época, cuyas severas condiciones con respecto a los roles que debían desempeñar los individuos, provocaban que fuera particularmente complicado ejercer profesiones no reconocidas como propias del sexo del sujeto en cuestión.
Una de estas notables mujeres fue Veronica Franco
, “cortesana honesta ” cuya vida se desarrolló en una Venecia
de costumbres disipadas y cuyas características sociales generaban cierta flexibilidad con respecto a lo que se esperaba de las personas, de tal suerte que esta mujer tuvo la oportunidad de tener acceso a un bien prácticamente restringido a los varones: el saber.
Nacida en 1546, Verónica era hija de Francesco María Franco
, un ciudadano veneciano con una condición económica aceptable y
Paola Francassa, una cortesana de cierto renombre que abandonó temporalmente su profesión mientras estuvo casada con
Franco; de esta manera, la pareja tuvo otros dos hijos a quienes procuraron una educación correcta a través de tutores, lecciones a las cuales asistió también la pequeña, abriéndose para ella un mundo de posibilidades ilimitadas, ya que se trataba de una chiquilla curiosa y de brillante inteligencia.

Queriendo hacer de su hija una señorita honorable,
Paola decidió casarla a la tierna edad de 16años con un médico llamado
Paolo Panizza, quien además de una gran sapiencia mostraba gran brutalidad, por lo que el matrimonio de la jovencita fue para ella un verdadero infierno. Con un carácter decidido y combativo, la muchacha decidió separarse del patán de su marido, pidiéndole a su madre que reclamase su dote. En esta época, cuando ya habían pasado dos años desde los esponsales,
Franco estaba embarazada –no se tiene certeza sobre la identidad del padre de su vástago- y una vez que nació el bebé, optó por entregarlo a un tutor,
Jacomo de Baballi .Desaparecidos Francesco María y Paolo ,Paola y Verónica se vieron en la necesidad de buscar una forma de ganarse el sustento por lo que la madre retornó a su antiguo oficio, mismo que muy probablemente enseñara a su bella hija. Ahora bien, en la Italia
renacentista había tres maneras en las que podía vivir una mujer: en el convento, casada o soltera; estas últimas se encontraban con el obstáculo de obtener una fuente de ingresos que les permitiera ser independientes, siendo justamente las féminas dedicadas al comercio de su propio cuerpo quienes encontraban tales recursos. Sin embargo no era lo mismo ser una vulgar prostituta que una cortigiane oneste . Las primeras estaban condenadas a ser usadas por hombres de los estratos sociales bajos, teniéndose que someter continuamente a terribles violencias y vejaciones; por otra parte las
cortesanas honestas –denominación empleada para no ensuciar el nombre de los caballeros que las visitaban- entretenían a los ricos comerciantes y a los hombres más poderosos de la época. ¿Cuál era la condición que diferenciaba a estas mujeres? La respuesta es la educación.
.Aun cuando en esencia ambos “oficios” eran iguales: obtener dinero a cambio de favores sexuales, las cortesanas eran damas refinadas, cultas, grandes conversadoras y a veces, como en el caso de Verónica Franco
, poetisas de gran calidad, por lo que los caballeros desembolsaban grandes sumas para obtener de ellas desde un beso hasta una cena o una noche entera. Además, las cortesanas tenían la posibilidad de conseguir ciertos mecenazgos, Franco por ejemplo, obtuvo la protección de Domenico Venieri
un poeta de excelente posición social que albergaba en su palacio – 
Cà ’ Venier - al más importante salón literario de la época, al cual
Verónica era invitada con frecuencia, teniendo así la oportunidad de discutir sobre arte con gente excepcional. Animada por su preceptor, -y firmando con el seudónimo Franca  - esta cotizada cortesana escribió varias obras entre las que se encuentran valiosos poemas –muchos de ellos con contenido


erótico de notable elegancia-, sonetos y varias cartas, llegando a ser publicadas Terze Rimas  (Trecerimas) y Lettere familiari a diversi Della S. Veronica franca all’Illustrissimo e Reverendissimo Mons. Luigi d’Este Cardinale 
(Cartas familiares y diversas (…) a Mons. Luigi d’Este). De esta forma,
Verónica era la compañera ideal no solo física sino intelectualmente, hecho que le granjeó la amistad de personajes como Tintoretto–quien la retrató-,
Michel de Montaigne e incluso Enrique de Valois, quien visitó Venecia
justo en su trayecto hacia su coronación como Enrique III
, ni qué decir que el monarca quedó tan fascinado con la fémina que llevó consigo a París una preciada miniatura con el retrato de Franco
.Pero la vida de la cortesana no era fácil y Verónica
tuvo que enfrentar encarnizados celos y terribles envidias. En este sentido, cuenta la historia que nuestra protagonista estaba enamorada de
Marco Venier –cuyo romance se presenta en la película Dangerous Beauty 
(1998)-, por lo que se entiende que en determinado momento desdeñó a
Maffio Venier, quien emprendió una campaña contrala joven; para tal efecto el pretendido caballero –quien era un destacado poeta de la época- publicó varios versos en contra de Franco, esta al pensar que se trataba de una broma de su amado, respondió con amabilidad y aún con picardía. Cuando se percató de quién era el verdadero autor de los ofensivos textos, ella contraatacó con un elegante pero contundente reto, en el cual animaba a su adversario a elegir las armas con las cuales quisiese sostener con ella un duelo. Sobra decir que el “caballero”desapareció del mapa y nunca respondió a la provocación.
Esta situación sería para ella tan solo el preludio de lo que constituiría una verdadera catástrofe.
Resulta que un hombre – Ridolfo Vannitelli- que cuidaba a uno de sus hijos –ella tuvo 6 de los cuales sobrevivieron dos o tres- la acusó ante las
Santa Inquisición por brujería y faltas a las normas de la Iglesia Católica –ayunos y abstinencias-, e incluso por robo.

Con gran temple, la dama enfrentó al inquisidor –el 8 de octubre de 1580-, negando todos los cargos y siendo finalmente absuelta –se cree que por intervención de Domenico-.A pesar de su triunfo el daño estaba hecho: sus clientes se fueron y ella cayó en desgracia – además Domenico
falleció en 1582-. Sin dejarse amilanar por su nueva condición, se retiró a su mansión y dedicó sus esfuerzos al cultivo de su espíritu; más aún, propuso la creación de la Casa del Socorro  , donde se daría alojamiento y enseñanza a las cortesanas que eligiesen cambiar de oficio o a aquellas que ya eran muy mayores para ejercerlo. De gran corazón y magnífica inteligencia,
Verónica Franco murió en condiciones desconocidas el 22 de julio de 1591, amante no tanto de la sensualidad como de la sabiduría y el arte, encarnó las palabras de Ludwig Van Beethoven: “Un gran poeta es la joya más preciosa de una nación ”.

FUENTES:“Las cortesanas: Un catálogo de sus virtudes”.
Aut. Susan Griffin. Ed. Vergara. Barcelona, 2003.
“Verónica Franco: La poeta más seductora de Venecia”.
Aut. Loreto Rosas Valle. Revista Clío no. 58.Agosto 2006.
“Veronica Franco: Una cortesana ‘honesta’”.
Aut. M. Pilar Queralt del Hierro. Revista Historia y vida no.478. 2008.
“Dangerous Beauty: The Trial of a Courtesan”.
Aut. Michael Asimow. Usf.usfca.edu. Mayo 2008.
“Veronica Franco y su tenzone con Maffio Venier”.
Aut. Isabel Rubín Vázquez De Parga. Mujeres en laliteratura. Escritoras. No. 19. Marzo-abril 2009.
“Venetian courtesans”.
www.venicetraveltips.com. Marzo, 2009.

“Veronica Franco”.
Aut. Isabel Rubín Vázquez De Parga.www.escritorasypensadoras.com



jueves, 8 de noviembre de 2012

LA REINA ISABEL LA CATOLICA




Cuando empezaron a emitir la serie ISABEL.
Sentí mucha curiosidad por verla.
Mi hermana...católica, practicante idealista, me dijo que era una Santa.
Pero yo tenía otra información sobre ella, más por la vía islámica y
libros de historia que había leído, pero aún así sentía  gran expectación
por ver como  la enfocaban .

Me sorprendió mucho al buscar cronológicamente por internet,
 los años de Isabel históricos y coincide mucho con la propuesta de la serie,
todo está sacado y muy documentado de libros de cronistas de la época.

He visto los 9 capítulos que se han emitido y me está gustando mucho.
Quiero verla hasta el final, así tendré información desde los dos lados
para tener una visión más objetiva.

También estoy intrigada por ver como van  abordar el tema de la
Santa inquisición y la expulsión de los judíos y musulmanes, con el
genocidio o conversión, porque esto con la santidad no cuadra mucho .

Creo que los dos enfoques están polarizados y tal vez en el centro neutro
esté la verdad.

Por lo que se puede ver en todos los puntos de vista , fue una mujer, valiente,
responsable, ambiciosa, segura, con una gran determinación, adelantada  a
su época ,en su independencia y a la vez muy devota y religiosa,
Unificó España, financió y apoyó el descubrimiento del Nuevo Mundo,
pero también dejó una España uniformizada con el mismo color, eliminando
la belleza de la diversidad y la convivencia con respeto,
que floreció en Al-Andalus durante la mayor parte de sus ocho siglos.

Os invito a investigarla, desde la serie de TV y a leer el artículo desde la
otra visión, que hay mas abajo.

Un gran personaje histórico femenino con una  gran repercusión social
en su época.

HYR

LA SERIE ISABEL RTVE

http://www.rtve.es/alacarta/videos/isabel/

Aquí podéis ver la serie completa , hasta los capítulos que se han emitido


Isabel la Católica: otra santa más para la guerra
Su política ayudó a afianzar la influencia social y el poder político de la Iglesia durante siglos

No ha podido ser más inoportuna la propuesta aprobada por la Conferencia Episcopal Española de que se reavive el proceso de beatificación de Isabel la Católica, iniciado por sus antecesores en tiempos de Franco y Pío XII. Vivimos momentos de máxima gravedad en el conflicto israelo-palestino que envenenan diariamente judíos ultraortodoxos y partidarios de la jihad islámica en su pugna por lugares y territorios que ambos consideran santos. En la India, en estos últimos días, y también disputando por un lugar sagrado, hindúes y musulmanes se han dedicado a quemar trenes atestados de gente (el fuego es un medio de liquidación del adversario muy del gusto de las religiones, porque purifica, elimina cualquier resto de contaminación maléfica). Y desde Argelia hasta Manhattan, los fundamentalismos religiosos atizan el enfrentamiento entre países y culturas, por si fueran pequeños los problemas de la modernización y de la dependencia. Las religiones, en resumen, están demostrando ser un factor que agrava, más que apacigua, los conflictos humanos. Y he aquí que el catolicismo, quizá por haber perdido algo de sus viejos fervores bélicos, no ha desempeñado un papel destacado en estas luchas recientes. Yo diría que por suerte para él. Los obispos españoles, sin embargo, no están contentos. Quieren participar.
La Iglesia eleva a alguien a los altares porque lo propone como modelo de conducta para los cristianos. ¿Lo fue de verdad Isabel de Trastámara? Alcanzó, para empezar, el trono de Castilla de una forma, cuando menos, polémica: disputándoselo a Juana, hija legítima, en principio, del rey Enrique IV y su segunda esposa, Juana de Portugal, y reconocida como heredera por las Cortes de Toledo de 1462. Pero Isabel, hermana del monarca, se apoyó en las fracciones nobiliarias, siempre deseosas de socavar el poder real, y fomentó el rumor de que Juana era la Beltraneja, una hija adulterina de la reina, logrando al fin que fuera desheredada. Ello dio lugar, como se sabe, a una guerra civil, desarrollada en varias fases, antes y después de la muerte de Enrique IV. Juana recibió el apoyo del rey de Portugal, su tío Alfonso V, que pensaba desposarse con ella. Pero Isabel contraatacó concertando su matrimonio con el príncipe heredero de Aragón, Fernando, y apresurándose a celebrarlo. Un obstáculo se oponía a las prisas de los contrayentes: que eran primos, lo que obligaba a pedir una dispensa papal que tardaría meses en llegar. La dificultad se resolvió falsificando el documento, hecho sobre el que hay acuerdo unánime entre los historiadores y que espero los señores obispos no encuentren modelo recomendable de conducta (porque sería arrojar piedras contra su propio tejado). A partir de ahí, se inició la fase definitiva de la guerra civil, que acabó en 1479 con la victoria de Isabel y el bando aragonés.
Hasta aquí, por tanto, no tenemos mucho de ejemplar en la vida de Isabel. Como aspirante al poder, no había sido sino una hábil jugadora en el tablero político, sin más escrúpulos con la ley o con los derechos de los otros candidatos de los que mostraría un aventajado discípulo de Maquiavelo. Pero no es ésta la principal razón por la que no deberían proponer su beatificación, porque lo más grave vino luego, cuando se convirtió en reina y se ganó el título de Católica.
Una vez instalados en sus dos tronos, los monarcas de Castilla y Aragón emprendieron, como todo el mundo sabe, una guerra contra el único reino musulmán que quedaba en la Península, el nazarí de Granada. La guerra fue larga y terminó en victoria. Pero no por medio de la "conquista de Granada", como suele decirse, sino por la capitulación pactada de esta ciudad. "Capitulaciones" se llamaron, en efecto, a las condiciones firmadas por Isabel y su esposo, por las que el reino entró bajo la soberanía castellana, pero comprometiéndose a respetar la lengua, la religión, la forma de vestir y las autoridades judiciales tradicionales de los hasta entonces súbditos de Boabdil.
Cláusulas semejantes se habían pactado en previos avances cristianos hacia el sur y algo de tolerancia y de convivencia multicultural había tenido lugar, en efecto, en el Toledo de Alfonso VI o la Sevilla de Alfonso X. Pero esta vez no iba a ser así. Durante los primeros años, los reyes mantuvieron en el obispado de Granada a Hernando de Talavera, fraile culto y paciente que intentó, desde luego, la conversión de los musulmanes, pero por métodos pacíficos, limitando la actuación de la Inquisición y haciendo que sus predicadores aprendieran el árabe para facilitar la aceptación de su mensaje. A Talavera -a quien nadie propone canonizar hoy- le sucedió Cisneros, que emprendió la evangelización de los musulmanes granadinos por métodos coactivos mucho más directos, con lo que forzó rápidamente unos miles de conversiones, pero también provocó dos sublevaciones sucesivas, en el Albaicín y las Alpujarras, reprimidas sin contemplaciones por orden de la propuesta beata y su esposo.
El 14 de febrero de 1502 -acaba de cumplirse el medio milenio, aunque ha pasado desapercibido-, la real pareja decidió, por fin, desentenderse de aquellas "Capitulaciones" que había firmado con toda solemnidad diez años antes. Y se decretó la expulsión de todos los granadinos que no aceptaran la conversión al cristianismo. No quiero en este artículo discutir el acierto o la necesidad política de aquella medida, sino juzgarlo como ejemplo moral. Y, francamente, no me parece que estén los tiempos como para erigir en modelo de conducta a quienes, por un lado, desprecian de manera tan descarada la palabra dada y, por otro, imponen su religión por medios tan violentos. Una imposición que se repetiría en esa América en la que tantas almas se "conquistaron", según constatan con satisfacción los obispos.
Con los musulmanes, los reyes no hacían sino repetir la fórmula utilizada diez años antes con los judíos. El decreto de conversión forzosa o expulsión de los judíos se había dictado, en efecto, en la primavera de aquel célebre 1492, sólo tres meses después de la capitulación de Granada. En este caso hubo una circunstancia agravante, ya que, según parece, los monarcas aprovecharon la expulsión para desembarazarse de una comunidad con la que habían contraído graves deudas durante la guerra granadina. De nuevo evitaré debatir aquí si la paz social que ganó el país con la homogeneidad religiosa compensó la pérdida que supuso la expulsión de aquel sector social tan dinámico intelectual y profesionalmente. Ahora sólo se trata de evaluar la catástrofe humana que provocó la medida, el desprecio que mostró la reina hacia el sufrimiento de sus semejantes: unas cien mil personas, al menos, hubieron de abandonar la tierra donde sus antepasados habían vivido más de un milenio, se vieron obligados a malvender sus propiedades y a emigrar sin poder llevarse el oro o la plata obtenido en la venta, con las imaginables secuelas de muertes de ancianos y niños en el camino y de ejecuciones ejemplares para quienes se resistían a obedecer la orden. Hay todavía rincones en Europa donde los descendientes de aquellos sefardíes conservan y cultivan su castellano del siglo XV y recuerdan con nostalgia aquella Sefarad de la que tuvieron que salir por orden de la reina católica. ¿Cómo pueden recibir la noticia de la beatificación de la firmante de aquel decreto? Puede que los obispos se hayan planteado esta pregunta y puede que no, pero en ambos casos parecen tener, ante esta población, una insensibilidad parecida a la que mostró aquella reina a la que hoy quieren beatificar.
Tampoco terminan ahí los agravios. Otro más hay, esta vez inferido a la humanidad en su conjunto, a la libertad de pensamiento y expresión, al mundo moderno que anunciaba su aparición y a la comunidad intelectual en especial. Al comienzo mismo de su reinado, Isabel de Castilla, con el pretexto de vigilar la ortodoxia de los judeo-conversos y castigar a quienes recayesen en sus antiguos cultos, extendió a Castilla el Tribunal del Santo Oficio. No es que hasta entonces no se hubiera reprimido la "herejía" -es decir, las interpretaciones del mensaje bíblico diferentes a la mantenida por la Iglesia-, pero este rincón de Europa se había resistido a establecer un tribunal especial encargado de tal misión. Siguió resistiéndose, tras adoptar la medida los Reyes Católicos, como demuestra el asesinato del inquisidor Pedro de Arbués en Zaragoza. Pero a la postre los reyes impusieron su voluntad. Y como los judíos y musulmanes acabaron siendo expulsados, sus sucesores, convertidos por ley en cristianos, cayeron bajo la jurisdicción inquisitorial, al igual que cayó todo sospechoso de albergar ideas innovadoras que pudieran atentar contra el dogma. Durante más de tres siglos, el tribunal pesaría como una losa sobre cualquier mente pensante del país y apartaría a éste de la revolución intelectual que sacudió a Europa. Y del número total de "relajados" -condenados a la hoguera- por parte del Santo Oficio a lo largo de sus trescientos años de historia, aproximadamente la mitad correspondieron al cuarto de siglo inicial; justamente los años que duró el reinado de aquella Isabel I que ahora los obispos españoles proponen para la beatificación.
Ellos sabrán. O de verdad se consideran mensajeros de una religión de paz y amor, y en ese caso adoptan gestos que ayuden a la reconciliación y el apaciguamiento de los conflictos humanos, o prefieren ser beligerantes en la pugna por el poder terrenal, invocando mandatos sobrenaturales. En este último caso, no hay duda de que hacen bien en beatificar a Isabel la Católica, porque sus medidas ayudaron a afianzar la influencia social y el poder político de la Iglesia durante siglos. Pero me temo que la única opción que nos queda entonces a los demás, a quienes queremos legar a nuestros hijos una sociedad pacífica y civilizada, consiste en pedir que el dinero público destinado a educación se dedique exclusivamente a impartir valores cívicos, sin el menor contenido religioso. No por anticlericalismo, sino por vacunarnos contra futuros conflictos. Porque, a juzgar por los modelos de conducta que nos proponen, los obispos parecen decantarse por un tipo de religión peligrosa para la convivencia ciudadana.
13/05/2005 - Autor: José Álvarez Junco - Fuente: http://perso.wanadoo.es/morbus/home7.htm