NOSOTRAS

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Arte:Susana Khabbaz
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jueves, 28 de febrero de 2013

MARINA ABRAMOVIC Y MEET ULAY








Qué intensidad! En los años 70, Marina Abramovic mantuvo una intensa historia de amor con Ulay. 
Pasaron 5 años viviendo en una furgoneta realizando toda clase de performances. 
En los 80, cuando su relación ya no daba para más, decidieron recorrer la Gran Muralla China, 
empezando cada uno de un lado, para encontrarse en el medio, abrazarse y no volver a verse nunca más. 
Cada uno caminó 2.500 km, se encontraron, y despidieron.

23 años después, en 2010, cuando Abramovic ya era una artista consagrada, el MoMa de Nueva York dedicó 
una retrospectiva a su obra. Dentro de la misma, Marina compartía un minuto en silencio con cada extraño que 
se sentaba frente a ella. Ulay llegó sin que ella lo supiera, y esto fue lo que pasó:

NUEVO BLOG DE FOTOS ENFOCADOS



Hola amig@s bloguer@s, somos imparables ¿Verdad?
Siempre explorando territorios nuevos, buscando nuevos enfoques.

Aquí os presento este nuevo Blog que comparto con mi pareja armonizada.

http://estarenfocados.blogspot.com.es/

Somos aficionados, pero compartimos esta pasión.

Espero que vayamos mejorando cada día más.

Con la Canon, Nikon y Nokia móvil que hace unas fotos increíbles.

miércoles, 13 de febrero de 2013

LA REINA VICTORIA Y EL PRÍNCIPE ALBERTO




UNA BELLA PAREJA REAL ARMONIZADA






Fuente: Las monografías de
Biografías y Vidas
Victoria I de Inglaterra
La reina Victoria de Inglaterra ascendió al trono a los dieciocho años y se mantuvo en él más tiempo que ningún otro soberano de Europa. Durante su reinado, Francia conoció dos dinastías regias y una república, España tres monarcas e Italia cuatro. En este dilatado período, que precisamente se conoce como "era victoriana", Inglaterra se convirtió en un país industrial y en una potencia de primer orden, orgullosa de su capacidad para crear riqueza y destacar en un mundo cada vez más dependiente de los avances científicos y técnicos. En el terreno político, la ausencia de revoluciones internas, el arraigado parlamentarismo inglés, el nacimiento y consolidación de una clase media y la expansión colonial fueron rasgos esenciales del victorianismo; en lo social, sus fundamentos se asentaron en el equilibrio y el compromiso entre clases, caracterizados por un marcado conservadurismo, el respeto por la etiqueta y una rígida moral de corte cristiano. Todo ello protegido y fomentado por la figura majestuosa e impresionante, al mismo tiempo maternal y vigorosa, de la reina Victoria, verdadera protagonista e inspiradora de todo el siglo XIX europeo.
Victoria I de Inglaterra
La que llegaría a ser soberana de Gran Bretaña e Irlanda y emperatriz de la India nació el 24 de mayo de 1819, fruto de la unión de Eduardo, duque de Kent, hijo del rey Jorge III, con la princesa María Luisa de Sajonia-Coburgo, descendiente de una de las más antiguas y vastas familias europeas. No es de extrañar, por lo tanto, que muchos años después Victoria no encontrase grandes diferencias entre sus relaciones personales con los distintos monarcas y las de Gran Bretaña con las naciones extranjeras, pues desde su nacimiento estuvo emparentada con las casas reales de Alemania, Rumania, Suecia, Dinamarca, Noruega y Bélgica, lo que la llevó muchas veces a considerar las coronas de Europa como simples fincas de familia y las disputas internacionales como meras desavenencias domésticas.
La niña, cuyo nombre completo era Alejandrina Victoria, perdió a su padre cuando sólo contaba un año de edad y fue educada bajo la atenta mirada de su madre, revelando muy pronto un carácter afectuoso y sensible, a la par que despabilado y poco proclive a dejarse dominar por cualquiera. El vacío paternal fue ampliamente suplido por el enérgico temperamento de la madre, cuya vigilancia sobre la pequeña era tan tiránica que, al alborear la adolescencia, Victoria todavía no había podido dar un paso en el palacio ni en los contados actos públicos sin la compañía de ayas e institutrices o de su misma progenitora. Pero como más tarde haría patente en sus relaciones con los ministros del reino, Victoria resultaba indomable si primero no se conquistaba su cariño y se ganaba su respeto.
Victoria a los cuatro años (cuadro
de Stephen Poyntz Denning)
Muerto su abuelo Jorge III el mismo año que su padre, no tardó en ser evidente que Victoria estaba destinada a ocupar el trono de su país, pues ninguno de los restantes hijos varones del rey tenía descendencia. Cuando se informó a la princesa a este respecto, mostrándole un árbol genealógico de los soberanos ingleses que terminaba con su propio nombre, Victoria permaneció callada un buen rato y después exclamó: "Seré una buena reina". Apenas contaba diez años y ya mostraba una presencia de ánimo y una resolución que serían cualidades destacables a lo largo de toda su vida.
Jorge IV y Guillermo IV, tíos de Victoria, ocuparon el trono entre 1820 y 1837. Horas después del fallecimiento de éste último, el arzobispo de Canterbury se arrodillaba ante la joven Victoria para comunicarle oficialmente que ya era reina de Inglaterra. Ese día, la muchacha escribió en su diario: "Ya que la Providencia ha querido colocarme en este puesto, haré todo lo posible para cumplir mi obligación con mi país. Soy muy joven y quizás en muchas cosas me falte experiencia, aunque no en todas; pero estoy segura de que no hay demasiadas personas con la buena voluntad y el firme deseo de hacer las cosas bien que yo tengo". La solemne ceremonia de su coronación tuvo lugar en la abadía de Westminster el 28 de junio de 1838.
Una reina de dieciocho años
La tirantez de las relaciones de Victoria con su madre, que aumentaría con su llegada al trono, se puso ya de manifiesto en su primer acto de gobierno, que sorprendió a los encopetados miembros del consejo: les preguntó si, como reina, podía hacer lo que le viniese en real gana. Por considerarla demasiado joven e inexperta para calibrar los mecanismos constitucionales, le respondieron que sí. Ella, con un delicioso mohín juvenil, ordenó a su madre que la dejase sola una hora y se encerró en su habitación. A la salida volvió a dar otra orden: que desalojaran inmediatamente de su alcoba el lecho de la absorbente duquesa, pues en adelante quería dormir sin compartirlo. Las quejas, las maniobras y hasta la velada ruptura de la madre nada pudieron hacer: su imperio había terminado y su voluntariosa y autoritaria hija iba a imponer el suyo. Y no sólo en la intimidad; también daría un sello inconfundible a toda una época, la que se ha denominado justamente con su nombre.
Victoria recibiendo de Lord Conyngham y del Arzobispo
de Canterbury la noticia de su ascensión al trono
La sangre alemana de la joven reina no provenía únicamente de la línea materna, con su ascendencia más remota en un linaje medieval; había entrado con la entronización de la misma dinastía, los Hannover, que fueron llamados en 1714 desde el principado homónimo en el norte de Alemania para coronar el edificio constitucional que había erigido en el siglo XVIII la Revolución inglesa. Sus soberanos dejaron, en general, un recuerdo borrascoso por sus comportamientos públicos y privados y los feroces castigos infligidos a quienes se atrevían a criticarlos, pero presidieron la rápida ascensión de Gran Bretaña hacia la hegemonía europea.
Una pálida excepción la procuró Jorge III, de larga y desgraciada vida (su reinado duró casi tanto como el de Victoria), a causa de sus periódicas crisis de locura. Fue, sin embargo, respetado por sus súbditos, en razón de esa desgracia y de sus irreprochables virtudes domésticas. La mayoría de sus seis hijos no participaron de esta ejemplaridad y el heredero, Jorge IV, dañó especialmente con sus escándalos el prestigio de la monarquía, que sólo pudo reparar en parte su sucesor, Guillermo IV.
Al fallecer el rey Guillermo IV el 20 de junio de 1837 y convertirse en su sucesora al trono, Victoria tenía ante sí una larga tarea. Los celosos cuidados de la madre habían procurado sustraerla por completo a las influencias perniciosas de los tíos y del ambiente disoluto de la corte, regulando su instrucción según austeras pautas, imbuidas de un severo anglicanismo. Su educación intelectual fue algo precaria, pues parecía rebuscado pensar que la muerte de otros herederos directos y la falta de descendencia de Jorge IV y de Guillermo IV le abrirían el paso a la sucesión. Pero ello no impediría que la reina desempeñara un papel fundamental en el resurgimiento de un indiscutible sentimiento monárquico al aproximar la corona al pueblo, borrando el recuerdo de sus antecesores hasta afianzar sólidamente la institución en la psicología colectiva de sus súbditos. No fue tarea fácil. Sus hombres de estado tuvieron que gastar largas horas en enseñarle a deslindar el ámbito regio en las prácticas constitucionales, y procuraron recortar la influencia de personajes dudosos de la corte, como el barón de Stockmar, médico, o la baronesa de Lehzen, una antigua institutriz. Los mayores roces se producirían con sus injerencias en la política exterior, y particularmente en las procelosas cuestiones de Alemania, cuando bajo la égida de Prusia y de Bismarck surgió allí el gran rival de Gran Bretaña, el imperio germano.

La reina Victoria en 1843
(retrato de Franz Xavier Winterhalter)
En el momento de la coronación, la escena política inglesa estaba dominada por William Lamb, vizconde de Melbourne, que ocupaba el cargo de primer ministro desde 1835. Lord Melbourne era un hombre rico, brillante y dotado de una inteligencia superior y de un temperamento sensible y afable, cualidades que fascinaron a la nueva reina. Victoria, joven, feliz y despreocupada durante los primeros meses de su reinado, empezó a depender completamente de aquel excelente caballero, en cuyas manos podía dejar los asuntos de estado con absoluta confianza. Y puesto que lord Melbourne era jefe del partidowhig (liberal), ella se rodeó de damas que compartían las ideas liberales y expresó su deseo de no ver jamás a untory (conservador), pues los enemigos políticos de su estimado lord habían pasado a ser automáticamente sus enemigos.
Tal era la situación cuando se produjeron en la Cámara de los Comunes diversas votaciones en las que el gabinetewhig de lord Melbourne no consiguió alcanzar la mayoría. El primer ministro decidió dimitir y los tories, encabezados por Robert Peel, se dispusieron a formar gobierno. Fue entonces cuando Victoria, obsesionada con la terrible idea de separarse de lord Melbourne y verse obligada a sustituirlo por Robert Peel, cuyos modales consideraba detestables, sacó a relucir su genio y su testarudez, disimulados hasta entonces: su negativa a aceptar el relevo fue tan rotunda que la crisis hubo de resolverse mediante una serie de negociaciones y pactos que restituyeron en su cargo al primer ministro whig. Lord Melbourne regresó al lado de la reina y con él volvió la felicidad, pero pronto iba a ser desplazado por una nueva influencia.
El príncipe Alberto
El 10 de febrero de 1840 la reina Victoria contrajo matrimonio. Se trataba de una unión prevista desde muchos años antes y determinada por los intereses políticos de Inglaterra. El príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, alemán y primo de Victoria, era uno de los escasísimos hombres jóvenes que la adolescente soberana había tratado en su vida y sin duda el primero con el que se le permitió conversar a solas. Cuando se convirtió en su esposo, ni la predeterminación ni el miedo al cambio que suponía la boda impidieron que naciese en ella un sentimiento de auténtica veneración hacia aquel hombre no sólo apuesto, exquisito y atento, sino también dotado de una fina inteligencia política.
El príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha
(retrato de Franz Xavier Winterhalter, 1846)
Alberto tampoco dejó de tener sus dificultades al principio. Por un lado, tardó en acostumbrarse al puesto que le había trazado de antemano el parlamento, el de príncipe consorte, un status que adquirió a partir de él (en Gran Bretaña y en Europa) sus específicas dimensiones. Por otro lado, tardó aún más en hacerse perdonar una cierta inadaptación a los modos y maneras de la aristocracia inglesa, al soslayar su innata timidez con el clásico recurso del envaramiento oficial y la altivez de trato. Pero con el tacto y perseverancia del príncipe, y la viveza natural y el sentido común de Victoria, la real pareja despejó en una misma voluntad todos los obstáculos y se granjeó un universal respeto con sus iniciativas. Fue el suyo un amor feliz, plácido y hogareño, del que nacieron cuatro hijos y cinco hijas; ellos y sus respectivos descendientes coparon la mayor parte de las cortes reales e imperiales del continente, poniendo una brillante rúbrica a la hegemonía de Gran Bretaña en el orbe, vigente hasta la Primera Guerra Mundial. Llegó el día en que Victoria fue designada «la abuela de Europa».
Alberto fue para Victoria un marido perfecto y sustituyó a lord Melbourne en el papel de consejero, protector y factótum en el ámbito de la política. Y ejerció su misión con tanto acierto que la soberana, aún inexperta y necesitada de ese apoyo, no experimentó pánico alguno cuando en 1841 el antaño aborrecido Peel reemplazó por fin a Melbourne al frente del gabinete. A partir de ese momento, Victoria descubrió que los políticos tories no sólo no eran monstruos terribles, sino que, por su conservadurismo, se hallaban mucho más cerca que loswhigs de su talante y sus creencias. En adelante, tanto ella como su marido mostraron una acusada predilección por los conservadores, siendo frecuentes sus polémicas con los gabinetes liberales encabezados por lord Russell y lord Palmerston.
La reina Victoria y el príncipe en el castillo de Windsor
La habilidad política del príncipe Alberto y el escrupuloso respeto observado por la reina hacia los mecanismos parlamentarios, contrariando en muchas ocasiones sus propias preferencias, contribuyeron en gran medida a restaurar el prestigio de la corona, gravemente menoscabado desde los últimos años de Jorge III a causa de la manifiesta incompetencia de los soberanos. Con el nacimiento, en noviembre de 1841, del príncipe de Gales, que sucedería a Victoria más de medio siglo después con el nombre de Eduardo VII, la cuestión sucesoria quedó resuelta. Puede afirmarse, por lo tanto, que en 1851, cuando la reina inauguró en Londres la primera Gran Exposición Internacional, la gloria y el poder de Inglaterra se encontraban en su momento culminante. Es de señalar que Alberto era el organizador del evento; no hay duda de que había pasado a ser el verdadero rey en la sombra.
El esplendor de la viudez
A lo largo de los años siguientes, Alberto continuó ocupándose incansablemente de los difíciles asuntos de gobierno y de las altas cuestiones de Estado. Pero su energía y su salud comenzaron a resentirse a partir de 1856, un año antes de que la reina le otorgase el título de príncipe consorte con objeto de que a su marido le fueran reconocidos plenamente sus derechos como ciudadano inglés, pues no hay que olvidar su origen extranjero. Fue en 1861 cuando Victoria atravesó el más trágico período de su vida: en marzo fallecía su madre, la duquesa de Kent, y el 14 de diciembre expiraba su amado esposo, el hombre que había sido su guía y soportado con ella el peso de la corona.
Como en otras ocasiones, y a pesar del dolor que experimentaba, la soberana reaccionó con una entereza extraordinaria y decidió que la mejor manera de rendir homenaje al príncipe desaparecido era hacer suyo el objetivo central que había animado a su marido: trabajar sin descanso al servicio del país. La pequeña y gruesa figura de la reina se cubrió en lo sucesivo con una vestimenta de luto y permaneció eternamente fiel al recuerdo de Alberto, evocándolo siempre en las conversaciones y episodios diarios más baladíes, mientras acababa de consumar la indisoluble unión de monarquía, pueblo y estado.
La familia real británica en 1880
Desde ese instante hasta su muerte, Victoria nunca dejó de dar muestras de su férrea voluntad y de su enorme capacidad para dirigir con aparente facilidad los destinos de Inglaterra. Mientras en la palestra política dos nuevos protagonistas, el liberal Gladstone y el conservador Disraeli, daban comienzo a un nuevo acto en la historia del parlamentarismo inglés, la reina alcanzaba desde su privilegiada posición una notoria celebridad internacional y un ascendiente sobre su pueblo del que no había gozado ninguno de sus predecesores. En un supremo éxito, logró también que una aristocracia proverbialmente licenciosa se fuera impregnando de los valores morales de la burguesía, a medida que ésta llevaba a su apogeo la revolución industrial y cercenaba las competencias del último reducto nobiliario, la Cámara de los Lores. Ella misma extremó las pautas más rígidas de esa moral y le imprimió ese sello personal algo pacato y estrecho de miras, que no en balde se ha denominado victoriano.
El único paréntesis en este estado de viudez permanente lo trajeron los gobiernos de Disraeli, el político que mejor supo penetrar en el carácter de la reina, alegrarla y halagarla, y desviarla definitivamente de su antigua predilección por los whigs. También la convirtió en símbolo de la unidad imperial al coronarla en 1877 emperatriz de la India, después de dominar allí la gran rebelión nacional y religiosa de los cipayos. La hábil política de Disraeli puso asimismo el broche a la formidable expansión colonial (el imperio inglés llegó a comprender hasta el 24 % de todas las tierras emergidas y 450 millones de habitantes, regido por los 37 millones de la metrópoli) con la adquisición y control del canal de Suez. Londres pasó a ser así, durante mucho tiempo, el primer centro financiero y de intercambio mundial. Un sinfín de guerras coloniales llevó la presencia británica hasta los últimos confines de Asia, África y Oceanía.
La reina Victoria en 1897, durante las ceremonias que conmemoraron el 60º aniversario de su coronación
Durante las últimas tres décadas de su reinado, Victoria llegó a ser un mito viviente y la referencia obligada de toda actividad política en la escena mundial. Su imagen pequeña y robusta, dotada a pesar de todo de una majestad extraordinaria, fue objeto de reverencia dentro y fuera de Gran Bretaña. Su apabullante sentido común, la tranquila seguridad con que acompañaba todas sus decisiones y su íntima identificación con los deseos y preocupaciones de la clase media consiguieron que la sombra protectora de la llamada Viuda de Windsor se proyectase sobre toda una época e impregnase de victorianismo la segunda mitad del siglo.
Su vida se extinguió lentamente, con la misma cadencia reposada con que transcurrieron los años de su viudez. Cuando se hizo pública su muerte, acaecida el 22 de enero de 1901, pareció como si estuviera a punto de producirse un espantoso cataclismo de la naturaleza. La inmensa mayoría de sus súbditos no recordaba un día en que Victoria no hubiese sido su reina.

sábado, 14 de julio de 2012

GRACIA Y CORAJE

OTRA HISTORIA DE AMOR ARMONIZADA
KEN WILBER Y TREYA



Introducción de "Gracia y Coraje"

"Gracia y Coraje"
Espiritualidad y curación en la vida y muerte de Treya Killam Wilber.

NOTA:

Los acontecimientos que condujeron hasta "Sexo, Ecología, Espiritualidad", que vio la luz en 1995, también pueden ser de interés. Hacía casi una década que no había escrito ni publicado nada, una década en la que me dediqué fundamentalmente a cuidar de mi esposa, que fue diagnosticada de cáncer poco después de casarnos. Todavía no nos habíamos ido de luna de miel cuando recibimos las malas noticias. Treya y yo nos casamos en 1983 y ella murió en 1989 y, para cumplir con una promesa, relaté nuestra ordalía en Gracia y coraje. Eso fue casi todo lo que escribí durante esos diez años. Todos los acontecimientos que viví con Treya durante todo ese tiempo provocaron en mí una transformación profunda e irreversible. Creo que "Sexo, Ecología, Espiritualidad" refleja, en parte, el resultado del desarrollo individual promovido por nuestra relación. Crecimos juntos, nos iluminamos y morimos juntos. Todo los libros que escribí hasta "Sexo, Ecología, Espiritualidad" tenían una dedicatoria pero, después de él, ninguno la ha tenido, porque todos han estado dedicados a ella.

En términos de las Obras Completas, hubó una interrupción de una década en mis escritos
teóricos, desde "Psicología integral" (escrito en 1984) a "Sexo, Ecología, Espiritualidad" (escrito en 1993). "Gracia y Coraje" cuenta la historia de esa interrupción, que, aunque fue una ausencia de escribir, fue una abundancia de bendiciones. Y angustia. Es la historia de quizás la persona más remarcable que he conocido, Terry Killam, que pronto se convertiría en Treya Killam Wilber.

Cuando escribo esto, han pasado ya 10 años desde la muerte de Treya. Soy inconmensurablemente más, e inconmensurablemente menos, por su presencia.
Inconmensurablemente más, por haberla conocido; inconmensurablemente menos, por haberla perdido. Pero entonces, quizás cada evento de la vida es como eso: llenándote y vaciándote, todo a la vez. Es simplemente que, es oh tan extraño que alguien como Treya se mueva entre nosotros, y entonces la alegría, y el dolor, son todos tan intensamente
amplificados.

Hay tantas Treyas como personas que la conocieron. Lo que sigue es mi Treya. No digo que sea la única Treya, o incluso la mejor. Pero creo que es una descripción total, justa y equilibrada. En particular, hace un uso liberal de sus propios diarios, que ella guardó y mantuvo durante la mayoría de su vida adulta, y que ella guardó casi diariamente durante los años que estuvimos juntos. Siempre había intentado destruir esos diarios después de que Treya muriera, y sin leerlos yo mismo, porque eran tan intensamente personales para ella. Ella nunca se los enseñó a nadie, ni siquiera a mí. No porque no expresara abiertamente sus sentimientos reales y entonces tuviera que esconderlos en sus diarios. Por el contrario, una de las cosas mas extraordinarias de Treya – de hecho, la cosa más impresionante de ella – es que no había diferencia entre su self público y privado. Ella no guardaba pensamientos secretos de los que tuviera miedo de compartir con el mundo. Si le preguntabas, te diría exactamente lo que pensaba – de ti o de cualquiera – pero no de una forma defensiva y directa de tal forma que la gente raramente se exaltaban. Esa era la base de su enorme integridad: la gente confiaba en ella desde el principio, porque parecían saber que ella nunca les mentiría, y hasta lo que yo sé, ella nunca lo hizo.

No, intenté destruir los diarios simplemente porque cuando ella los escribía, era un tiempo especial para estar sola consigo misma, y sentía que nadie, incluyéndome a mí, debería violar ese espacio. Pero justo antes de su muerte, ella señalo a sus diarios y dijo, “los necesitarás”. Ella me pidió que escribiera sobre nuestro calvario, y ella sabía que necesitaría sus diarios para transmitir sus propios pensamientos. La última entrada, hecha 24 horas antes de su muerte, decía:

“¡Hace falta gracia – sí! – y coraje”.

Escribiendo "Gracia y Coraje", leí todos los diarios (alrededor de 10 largos cuadernos, y muchos archivos de ordenador), y podía encontrar extractos de virtualmente cada tópico cubierto en las siguientes páginas, así dejando hablar a Treya por sí misma, con sus propias palabras, de su propia forma. Cuando leí esos diarios, fue exactamente como había sospechado: no había secretos, ni temas que no hubiera compartido conmigo o con su familia y amigos. Treya simplemente no tenía simplemente fisura entre sus selfs público y privado. Creo que eso era exactamente parte de su enorme integridad, y creo que eso estaba directamente relacionado con lo que sólo puede llamarse valentía. Había una fuerza en Treya que era absolutamente intrépida, y no lo digo ligeramente. (Como dijo Sam Bercholz en su paso en la ceremonia, “Treya fue la persona más fuerte que he conocido. Ella nos enseñó cómo vivir, y nos enseñó como morir”). Treya tenía poco miedo porque tenía poco que esconder, de ti, de mí, de Dios o de cualquiera. Era transparente a la realidad, a los Divino, al mundo, y entonces no tenía de que tener miedo. La vi en el dolor, la vi en la agonía; la vi en el enfado. Nunca la vi en el miedo.

No estoy exagerando o simplemente intentando decir cosas bonitas. Nunca la vi mentir, y nunca la vi en el miedo – y pienso son la misma cosa.

No es difícil entender porqué la gente se sentía viva en su presencia, vivificada, despertada. Incluso cuando estábamos en varios hospitales, con Treya sufriendo una espeluznante indignidad u otra, la personas (enfermeras, visitantes, otros pacientes, sus visitantes) solían quedarse en su habitación, simplemente para estar alrededor de la presencia, la vida, la energía, que ella parecía irradiar. En un hospital en Bonn, Alemania, recuerdo gente en fila para entrar a la habitación.

Ella podría ser obstinada; la gente fuerte suele serlo. Pero salía del núcleo de la vivida presencia y del despertar, y era tonificante, y del silencio mental. La gente solía salir de Treya más viva. Más abierta, más directa. Era así; su presencia te cambiaba, a veces poco, a veces mucho, pero te cambiaba. Te tiraba a estar presente en el Presente, te recordaba que despertaras.

Por otro lado: Treya era remarcablemente guapa, y además (como verás en las siguientes páginas), no tenía casi vanidad, lo que era sorprendente. Como nadie que haya conocido, incluyendo algunos maestros muy iluminados, ella era ella misma, simplemente. No había automiradas, autocomprobaciones, autosuposiciones: ella estaba simple y directamente presente, toda ella. El hecho de que tuviera poca autoconciencia la hacía incluso estar más presente. Alrededor de Treya, el mundo aparecía inmediato y centrado, claro y atractivo, brillante y honesto, abierto y vivo.

Gracia y Coraje es su historia; y nuestra historia. Mucha gente me preguntó, ya que fui tan cuidadoso de incluir los propios escritos y la propia voz de Treya en las siguientes páginas, porqué no la incluí como coautora del libro. Algunas personas, de hecho, estaban bastante enfadadas conmigo. Pensé en hacerlo así desde el principio, pero conversaciones con el editor y la editorial me dejaron claro que hacerlo así sería engañoso. Como mi actual editor de Shambhala, Kendra Croasen Burroughs; diría, “Un coautor es alguien que escribe un libro activamente con otra persona. Esto es diferente de tomar los escritos de alguien y meterlos en un libro”. Así que espero que aquellos lectores que sentían que no estaba reconociendo la contribución de Treya se den cuenta de que esa no era ciertamente mi intención, y que la voz real de Treya ha sido incluida en casi cada página, permitiéndole hablar por ella misma.

En algún punto de los diarios de Treya ella escribía, “Almuerzo con Emily Hilburn Sell, la editora de Shambhala. Me gusta mucho, confío en su juicio. Le hablé del libro en el que estaba trabajando – cáncer, psicoterapia, espiritualidad – y le pregunté si ella lo editaría por mí. Me encantaría, dijo, lo que me hizo incluso mas determinada para realizar este proyecto!”. Bien, Treya no tuvo tiempo de acabar su libro que es por lo que me pidió que lo escribiera – pero me alegro de contar que Emily fuera la editora de "Gracia y Coraje", e hizo un maravilloso trabajo.

Unos pocos puntos menores. La mayoría de la gente que lee este libro, no es por la información técnica de mi trabajo, sino por las historia de Treya. Como indico en la nota al lector, el capítulo 11 es particularmente técnico, y se puede saltar sin perderse nada (verdaderamente, si te saltas ese capítulo, simplemente lee los pocos párrafos que hay entre el material de la entrevista, porque tiene algunos elementos importantes de la historia; pero sino, sáltatelo. El material del capítulo 11 es simplemente un resumen de mi modelo fase 2, y los lectores interesados en un material más actualizado deberían consultar ("Una visión integral de la psicología").

Todas las entradas del diario de Treya están marcadas por una línea continua vertical en el margen izquierdo. Estas son diferentes de, digamos, algunas de sus cartas, que no tienen línea continua. Sus letras, incluso si fueran mayormente privadas, estarían todavía disponibles a otras personas (que son, aquéllos a quienes se las envió). Pero cada entrada marcada por una línea continua era de sus diarios, y por tanto son entradas que nadie había visto antes.

La acogida de "Gracia y Coraje" fue arrolladora, y no fue a mí al que respondían los
lectores. Hasta la fecha, he recibido cerca de 1000 cartas de gente de todo el mundo – un porcentaje sin precedentes me escribía para contarme lo que la historia de Treya había significado para ellos, y cómo había cambiado sus vidas. Algunos me han enviado fotos de su bebé llamado Treya, y te puedo decir, como puro espectador objetivo sin prejuicio alguno, que son las pequeñas chicas más bonitas del mundo. Algunos de los que me escribían tenían cáncer, y tenían miedo al principio de leer el libro; pero una vez que lo hicieron, solían perder el miedo.

Pero la mayoría de personas que escriben no tienen cáncer. Es simplemente que la historia de Treya es la historia de cada persona. Podría parecer que Treya lo tenía todo: inteligencia, belleza, encanto, integridad, un feliz matrimonio, una familia maravillosa. Pero, como todos nosotros, Treya tenía sus propias dudas, inseguridades, autocríticas, y temas profundamente inquietantes acerca de su propio valor y su propio propósito en la vida… sin mencionar una batalla brutal con un deseo letal. Pero Treya luchó la buena lucha con todas esas sombras… y ganó, por cualquier definición de ganar. La historia de Treya nos habla a todos nosotros porque ella conoció esas pesadillas, con coraje y dignidad y gracia, y triunfó, gloriosamente.

Y nos dejó sus diarios, que nos dicen exactamente cómo lo hizo. Cómo consiguió consciencia meditativa para soportar el dolor y así disiparlo. Cómo, en vez de cerrarse, amargarse y enfadarse, ella saludó al mundo con amor en su corazón. Cómo se enfrentó al cáncer con ecuanimidad pasional. Cómo se liberó de la autocompasión y eligió llevarlo alegremente. Cómo no tenía miedo, no porque lo evitaba, sino porque lo abrazaba inmediatamente, incluso cuando se hacía obvio que moriría pronto: Llevaré el miedo en mi corazón. Para conocer el dolor y el miedo con mentalidad abierta, para abrazarlo, para reconocerlo. Dándome cuenta de que trae admiración a la vida. Alegra mi corazón y alimenta mi alma. Siento esa alegría. No estoy intentando vencer a la enfermedad; estoy permitiéndome a mi mismo estar dentro de él, perdonándolo. Seguiré, no con cólera y amargura, sino con determinación y alegría”. Y así lo hizo, saludando a ambas, vida y muerte, con determinación y alegría que dejaba atrás sus tediosos horrores, y una radiación amorosa que eclipsó al mundo finito, incluso hasta el final.

En el análisis anterior, la historia de Treya estaba encontrando ese centro de consciencia, ese Self puro, el Fundamento primordial, que es atemporal y eterno. No es que tu Self verdadero sea eterno o que viva para siempre – que no es como se triunfa sobre la muerte. Más bien, tu Self verdadero es un momento sin tiempo – este momento presente atemporal, tal y cómo es, antes de que pienses en el pasado y el futuro y así atarte a las torturas del tiempo. El Self puro y atemporal, existe totalmente en este momento presente atemporal, es la puerta de salida a lo eterno – que no significa existir para siempre en el tiempo, sino ser completamente libre del tiempo. Porque nunca se mete en el mundo del tiempo y su terror, tu Self puro es el gran No-nacido. Y como nunca entra en el tiempo, nunca existe tampoco: tu Self puro es el gran No-muerto.

Se triunfa sobre la muerte, no viviendo para siempre, sino viviendo atemporalmente, siendo presente al Presente. No vas a derrotar a la muerte identificándote con el ego en la corriente tiempo y entonces intentando hacer que el ego siga para siempre en esa corriente temporal. Se vence a la muerte encontrando esa parte de tu propia consciencia presente que nunca entra en la corriente del tiempo en primer lugar y entonces es verdaderamente No-nacido y No-muerto. Como el Buda diría, “Hay, monjes, un gran No-nacido, No- manifestado, No-hecho. Donde no habría salida para lo nacido, lo manifestado, lo hecho”.

Bien, Treya encontró el gran No-nacido, y entonces encontró el gran No- muerto. Treya, el individuo, está muerta; pero el Self de Treya esta vivo justo ahora, en el presente atemporal que está siempre-presente, que vive en cada ser sensible, viva en ti y en mí y en todas las cosas grandes y pequeñas, porque este es el Self de uno y de todos. Habiendo hallado eso, uno encuentra el Todo, y entonces – casi literalmente – uno puede decir, “La muerte, ¿dónde está ese pinchazo?”

Lejos de ser un descubrimiento difícil, es lo más simple que jamás hagas. Tan simple, de hecho, que te puede llevar muchos años (como dicen los textos de meditación, “Demasiado difícil de creer, demasiado fácil de conseguir”). Incluso justo ahora, tienes acceso a este Self puro, este testigo claro y cristalino, esta consciencia del gran No-nacido. Nótalo: las nubes flotan en el cielo, y tu eres consciente de eso sin esfuerzo. Los sentimientos flotan en tu cuerpo, y tú te das cuenta de eso sin esfuerzo. Los pensamientos flotan en tu mente, y tú eres testigo de ellos sin esfuerzo. El tiempo flota en tu consciencia, y tú eres testigo de eso sin esfuerzo. Puedes observar todas esas cosas – nubes, sentimientos, pensamientos, y tiempo – porque en tu esencia eres libre de todos ellos: tu Self puro es ese espacio vacío, libre, claro y abierto en el que las nubes, los sentimientos, los pensamientos y el tiempo flotan todos. Este Testigo puro que no entra en la corriente del tiempo, sino más bien es consciente de él sin esfuerzo. El Testigo puro, en otras palabras, es atemporal en si mismo. Morar
en ese Self es como morar en la eternidad atemporal. Cuando la muerte convencional llega, es, también, una simple experiencia como otra cualquiera, y deja intacto a tu Self.

¿Cómo podemos saber esto con toda seguridad? La respuesta es: toma la práctica de morar en el Self y descúbrelo directamente. Reconoce tu propio despertar siempre-presente, y la muerte resbalará fuera de tu corazón. Eso es lo que Treya hizo; que es lo que el cáncer le forzó a hacer; y que es el porqué, en sus diarios, ella agradecía sinceramente al destino por su enfermedad. La forzó a salir de su self y a entrar en su Self, donde era uno con Todo. Y ese el el porqué de “leí la historia de Treya, y nunca más, he tenido miedo a morir. Quería decirle eso”.

Si Treya puede hacerlo, podemos hacerlo: ese es el mensaje de este libro, y el porqué la gente me escribe para contarmelo. Cómo su historia les hizo recordar lo que realmente importa. Cómo su intento de equilibrar en si misma el masculino/hacer y el femenino/ser habla directamente de sus propios asuntos más profundos en el mundo de hoy. Cómo su remarcable coraje les inspiró – hombre y mujer indistintamente – para aguantar su insoportable sufrimiento. Cómo su ejemplo les ayudó a atravesar las oscuras horas de sus propias pesadillas. Cómo la ecuanimidad pasional les colocaba directamente en el Self. Y porqué todos ellos entendieron que, en el nivel más profundo, este es un libro con un final profundamente feliz.

Muchas personas me preguntaron porqué no dediqué ninguno de mis siguientes libros a Treya. En el pasado, siempre he dedicado mis libros a una o más personas; "Gracia y Coraje" fue el último libro en el que hice eso. Todos los libros desde entonces no han tenido dedicatoria, porque todos ellos han sido dedicados a Treya.

Treya y yo estuvimos juntos durante 5 años. Esos años han sido grabados en mi alma. Realmente creo que he mantenido mi promesa, y realmente creo que se debe a su gracia. Y realmente creo que cualquiera de nosotros puede encontrarse con Treya de nuevo, en cualquier momento que lo deseemos, actuando con honestidad, integridad, y sin miedo – porque ahí yace el corazón y alma de Treya – y cualquiera de nosotros puede, cuando more en el Testigo, encontrar ese lugar donde Treya está atemporalmente.

Si Treya puede hacerlo, nosotros podemos hacerlo. Ese es el mensaje de "Gracia y Coraje".

Fuentes:

Fragmento de la Introducción de "Gracia y Coraje"
Por Ken Wilber
Boulder, Colorado
Verano, 1999

Recopilación del blog amigo "Hombres que corren con lobos"

domingo, 10 de junio de 2012

DALÍ Y GALA



la Historia de el Amor de Dalí por Gala






En la vida existen seres humanos privilegiados que logran encontrar su alma gemela. este es el caso de Salvador Dalí


Existió una vez un Rey Español que cuando era niño, se enamoró de una bella Princesa Rusa que conoció en un sueño. Pero no era una princesa convencional, era al mismo tiempo una sacerdotisa conocedora de todas las magias de la vida y de la muerte. El sueño era tan vivido y real, que al despertar, el Rey estaba seguro de que estaba seguro de que en algún momento se haría realidad. Y en efecto, así fue; la fuerza del amor materializo todas sus ilusiones y la bella dueña de los sentimientos del rey se convirtió en una mujer de carne y hueso que vivió para hacerlo feliz hasta el final de sus días.


Parece un cuento de hadas convencional y, sin embargo, se trata de una historia de amor de nuestro siglo: Rey Español Salvador Felipe Jacinto Dalí Doménech y la Princesa Rusa Helena Ivanovna Diakonova, su adorada “Gala”.


Hablar de Salvador Dalí es tarea de titanes, e intentar develar los verdaderos misterios de su amor es aun más difícil. Nacido en figueras, España, el 11 de mayo de 1904, Salvador Felipe Jacinto Dalí Doménech desde su llegada al mundo fue un niño diferente. Sus padres habían tenido otro hijo siete años antes y lo habían perdido recientemente, por lo que volcaron todo su amor al recién nacido que venia a llenar el vació familiar.


Mimado en exceso, sus naturales convicciones de superioridad y grandeza se intensificaron, permitiendo que su fructífera imaginación volara a alturas insospechadas. El se sentía un Rey y actuaba como tal, con la profunda convicción de que su grandeza algún día seria reconocida por todo el mundo.


Cuando tenia 7 años comenzó a asistir a la escuela publica, donde el contacto con los niños pobres de la ciudad lo hizo sentir aún más que él era diferente. Por eso evitaba relacionarse con sus compañeros, prefería permanecer culto en un mundo propio que inventaba. Pero fue allí a los 7 años, cuando por primera vez vio a quien sería el amor de su vida.


En casa de su profesor había un pequeño teatro mecánico que representaba escenas de lugares distantes, y una de ellas mostraba un paisaje Ruso, con una niña en él. Ella se convirtió en su sueño, en su idealización del amor; y como buen alquímico mental, y desde ese momento presintió que esa mujer sería la única dueña de su corazón.


Y comenzó a poblar su mente con las primeras fantasías amatorias, en las que protagonista (la dulce niña rusa) era todo lo que necesitaba. Así creció amando una imagen que se le aparecía en sus frecuentes alucinaciones. Porque para Salvador Dalí existían dos mundos: ambos reales y tangibles, capaces de crear en él sensaciones de placer y dolor.


El tiempo fue pasando y cuando una chica le llamaba la atención, era porque de alguna manera tenia cierto parecido con la imagen de su sueño. Entonces trataba de encontrar en ella todas las cualidades que le había atribuido a su heroína y al no hallarlas, se desilusionaba, creando dentro de su mente hipersensibilidad un terrible sentimiento de frustración.


El estaba convencido de que el amor era algo tan profundo y dramático como la misma muerte, y le parecía que el amor y la muerte estaban indisolublemente ligados. Es más, la imagen de si mismo dándole muerte al objeto de su amor, lo enardecía y le parecía que ese acto le causaría un placer infinito.


Su adolescencia fue dramática. Su mentalidad muy avanzada para su época, unida a ese temperamento teatral que poseía, no le permitían darse el lujo de fracasar , actuaba de forma extraña, controversial, pero nunca de manera que fuera contra sus más íntimos deseos. Sin embargo, internamente Dalí era tímido, y sentía terror de enfrentarse al momento de hacer el amor, pues temía ser impotente. Por tal razón, sus relaciones amorosas se mantenían siempre en un punto casi platónico, de que él mismo no se permitía avanzar. Besos , caricias, bromas y luego la ruptura.


Ya de adulto, se sentía rechazado por las mujeres y no tenia valor para abordarlas. El mismo decía: “Antes de Gala, no había logrado encontrar una mujer elegante que mostrase interés en mis fantasías eróticas, ninguna clase de mujer ¡ fuese o no elegante! Había recorrido las calles como un perro, muerto de deseo; pero nunca había podido hallar nada y, si por un segundo ocurría el milagro, mi timidez me impedía abordar a la mujer que me habría gustado conocer. ¡ me parecía tan natural que todas las mujeres se lanzasen a la calle cada tarde, con el cerebro atormentando por la misma idea, las mismas fantasiaza eróticas que me asaltaban! A veces, solo para entretenerme, cuando me hallaba en lo más hondo del desaliento, emprendía la persecución de una mujer Fea, le lanzaba mis miradas más apasionadas, no le quitaba la vista ni un instante, la seguía en la calle, subía al mismo tranvía y me sentaba a su lado, e intentaba, con suavidad y cortesía oprimir su rodilla. Entonces ella se levantaba con aire ofendido y cambiaba de sitio”.


Pero en 1929, cuando tenía 25 años, todo cambió para él. Recién entonces comenzaba su obra a ser admirada de en los exclusivos centros artísticos de París. Una tarde el poeta surrealista Paul Eluard llegó a visitarlo con su esposa.


Dalí no sospechaba que esa visita transformaría por completo el rumbo de su vida. En ese entonces Dalí padecía de incontrolables ataques de risa, que aparecían justamente en los momentos menos oportunos y que podrían durar hasta veinte minutos.


Estando en uno de ellos, vio a Gala por primera vez. en es instante ni siquiera le prestó mucha atención, tan inmerso estaba en sus carcajadas.


Gala tampoco reparó en el; estaba cansada y prefirió marcharse al hotel. Unas horas más tarde, se reunieron nuevamente con unos amigos y, por primera vez, sus miradas se cruzaron y ambos sintieron ese escalofrío premonitorio de estar enfrentándose con el destino.


Gala (Helena Ivanovna Diakonova) era Rusa nacida en Kazan, 1894 para esos días ella contaba con 35 años y era la esposa de uno de los más reconocidos poetas de aquella época.


Podrían ser considerados un matrimonio “Perfecto”: él culto, amante del arte y bien parecido; ella, alta, esbelta, elegantísima acostumbrada a la nueva vida. Ambos acaparaban la atención en los mas exclusivos grupos de intelectuales de la época.


Enseguida Salvador Dalí comprendió que la niña rusa de sus sueños infantiles se había materializado y temblaba de pánico, pues sabía que estaba atrapado en sus redes.


Ella por su parte, no pudo sustraerse a la atracción que le causaba aquel hombre excéntrico que no paraba de reír. Pronto se convirtieron en inseparables; se pasaban las tardes juntos caminando por la orilla del mar, hasta que Paul Eluard, dándose cuenta de que su esposa estaba embrujada por aquel hombre extraño, se marcho de París, dejándoles el espacio abierto para que se pudieran disfrutar plenamente de su amor.


Entonces llego el gran día, que él tanto había temido. Fue en la playa, junto a un enorme risco. Ella, vestida de blanco, caminando junto al acantilado, lucia tan frágil y fuerte al mismo tiempo, era tan real y tan efímera, justamente como él la había visto siempre en sus pensamientos: tangible e inalcanzable.


Ella le tomo de la mano y la pasión contenida se desbordó. Salvador Dalí pudo demostrarse a si mismo que era todo lo hombre que deseaba, y cuando finalmente quedó saciado de placer le pregunto a ella qué deseaba que él le hiciera.


La respuesta lo impacto: “Quiero que me mates”fueron las palabras que pronunció aquélla mujer, y que resultaron ser un conjuro mágico que los ató a ambos de por vida.


Dalí, que siempre había soñado con asesinar el objeto de su amor, se sintió descubierto por aquellos ojos almendrados que le suplicaban la muerte, que lo consideraban digno de realizar ese acto, ella comenzó a explicarle como debería matarla, con lujo de detalles; también le hablo de sus tristezas y ansiedades, y las razones que tenia para desear la muerte, por considerarla un escape a todos sus tormentos. Esta conversación liberó del alma de Dalí sus eternos miedos, sus angustias, y hasta su risa histérica desapareció.


Al fin había encontrado su alma gemela. No les importaba el mundo; desde ese momento, y para siempre, solo existieron ellos dos.


La familia de Dalí se puso furiosa por la relación. El padre decía que era insoportable que su hijo saliera con una rusa drogadicta y casada, y consideraba que el dinero que Dalí estaba percibiendo era por vender drogas, pues no podía creer que las pinturas de su hijo estuvieran cotizándose tanto; así que se negó a recibirla más en su casa. Gala se olvido se su marido y se consagró por entero a Dalí, convirtiéndose en la única persona que podía prácticamente adivinar todos sus pensamientos.


Juntos vivieron etapas difíciles, sobre todo al inicio de su relación, cuando ella se separó definitivamente de su marido y el mundo entero se confabuló contra ellos.


Como ambos eran amantes de la buena vida, despilfarraron rápidamente todo lo que tenían y pronto se vieron con grandes dificultades económicas.


Pero juntos también disfrutaron las épocas de gloria, del triunfo espectacular de Salvador Dalí. Sobre todo de la plena realización de ambos a través del amor.


Aun que jamás les importó el qué dirán, contrajeron matrimonio en 1935.


Los hijos no entraron nunca a formar parte de los planes de la pareja; sentían que todo su ser debían consagrárselo enteramente uno al otro, sin compartir ese amor con nadie. Gala se convirtió en la musa inspiradora. El modelo que aparecería en la mayoría de los cuadros de su marido, la sacerdotisa que le leía las cartas todos los días y le pronosticaba el porvenir, la única persona capaz de darle calma al inquieto espíritu del genio catalán.


Dalí jamás le fue infiel, decía que era imposible traicionar a su sombra. Según sus propias palabras:


“Gala se convirtió en un elemento catalítico fundamental en mi vida. Mis memorias visual y afectiva han trascendido por ella.


Gracias a ella, a su amor, a su total aceptación, yo he podido proyectar las imágenes internas y plasmarlas en algo real y concreto. Ella es indispensable para mi, porque gracias a ella oye podido, madurar, conquistar y dominar el mundo.


Gala es la sal de mi vida, al fuerza de mi ser, mi guía, mi doble”.


Ella lo acompaña a todas partes, era su amuleto de buena suerte. Cada exposición, cada discurso, cada premio que recibía, no tenían ningún valor si ella ni lo compartía con él.


En sus pinturas, cada que vez que necesitaba plasmar de alguna manera la belleza y el ideal femenino, utilizaba a su adorada esposa de modelo.


Y tanto quiso perpetuar su imagen que mando a hacer un holograma de una pintura tridimensional en la que aparecen los dos, para plasmar completamente la realidad de esa mujer a quien consideraba el ser más perfecto que existía.


La muerte de Gala, el 10 de junio de 1982, dejó al pintor sumido en la mas profunda tristeza. De forma voluntaria se recluyó en su casa, y prácticamente se negó a salir y a recibir visitas.


Así, viviendo como un monje de clausura, esperó con paciencia el momento de morir, ese momento que tanto había añorado desde niño, pues consideraba que era algo así como volver al útero materno, del que él hubiera deseado no salir jamás.


Y sin el amor y la presencia de Gala no podría haber dicha mayor para su espíritu genial, que refugiarse definitivamente en las mismas brumas que acogieron a su adorada Gala.


Cuando le hablaban de su grandeza y de la influencia que su arte y su personalidad había causado sobre todos los pintores contemporáneos y sobre los pensadores del momento, y le pedían que explicase cuál era el secreto de su fama y éxito, respondía:


“el secreto de mi influencia ha sido siempre el de ser secreta, y el secreto de la influencia de Gala ha sido el de ser doblemente secreta. Yo poseía el secreto de permanecer secreto. Gala poseía el secreto de permanecer secreta dentro de mi secreto. a veces algunos han creído haber descubierto mi secreto; pero eso era imposible, porque no era mi secreto, sino el de Gala”.


Un problema cardiaco y una neumonía que lo tenía postrado desde hacía varios días, arrancaron el último suspiro de este rey de la pintura universal, el 23 de enero de 1989, pero el amor idílico de Gala y Salvador Dalí permanecerá vivo eternamente.



domingo, 27 de mayo de 2012

PAREJAS ARMÓNICAS:JOHN LENON Y YOKO ONO

JOHN Y YOKO













Cuando dos personas muy creativas se encuentran, el universo

baila una bella danza sincrónica, este fue el caso de John Lenon y
Yoko Ono.

Yoko Ono llevó a John a explorar nuevos horizontes creativos-
·"Es mi diosa del amor, ella llena mi vida", comentó en mas
de una ocasión.
 
 "Yes"
 
Por supuesto que John y Yoko no se conocerían de la forma "tradicional",
 presentados por amigos, en un bar o en el trabajo.
Fue en 1966, en Londres, cuando John visitó la exposición
de una artista avant-garde que venía de Estados Unidos, Yoko Ono.
Lo que más atrajo a John de la galería fue una escalera que llevaba a un
canalejo y al mirar por él, lo que decía era la palabra "Yes".
El ver ese letrero inspiró a John Lennon a seguir caminando por la galería,
donde encontró a Yoko.
 
Frente a un letrero en la pared que decía "Clava un clavo",
él le preguntó si podía clavar uno. Yoko se negó, pues su exhibición no abría
 hasta el día siguiente. Sin embargo, le aconsejaron acepar pues el Beatle era
millonario y podría comprar su obra. Le dijo "Puedes hacerlo si me das cinco
 monedas", a lo que John contestó "Te doy cinco monedas imaginarias si me
dejas clavar un clavo imaginario". La pareja aseguró que fuen entonces cuando
se enamoraron. 
 
 



JOHN Y YOKO


 

 Encontré este vídeo increible, donde los dos
exploran descodificando el lenguaje, el sonido y la forma.
CREATIVIDAD EN ESTADO PURO.
Yoko introdujo a John en un universo artístico conceptual .

Atrevidos, desafiantes e incomprendidos por la mayoría de
la gente.

Lo mas increible de la historía de esta bella pareja armonizada,
fue su creatividad compartida y el compromiso activista por
la paz.
Su sueño de creatividad y amor fue abortado, por el asesinato de John.
algo muy paradójico teniendo en cuenta que ellos trabajaban y se esforzaban
por la PAZ desde una implicación y compromiso personal y social, con conciencia.
Era una pareja muy similar a Maria Magdalena y Cristo.
En el siglo XX, en la vanguardia del arte.